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lunes, 29 de agosto de 2016

San Juan Bautista: "La vida cristiana exige el «martirio»" (Benedicto XVI)

"...Juan Bautista comienza su predicación bajo el emperador Tiberio, en los años 27-28 d.C., y a la gente que se reúne para escucharlo la invita abiertamente a preparar el camino para acoger al Señor, a enderezar los caminos desviados de la propia vida a través de una conversión radical del corazón (cf. Lc 3, 4).

Pero el Bautista no se limita a predicar la penitencia, la conversión,

sino que, reconociendo a Jesús como «el Cordero de Dios» que vino a quitar el pecado del mundo (Jn 1, 29), tiene la profunda humildad de

mostrar en Jesús al verdadero Enviado de Dios, poniéndose a un lado para que Cristo pueda crecer, ser escuchado y seguido.

Como último acto, el Bautista testimonia con la sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios, sin ceder o retroceder, cumpliendo su misión hasta las últimas consecuencias.

San Beda, monje del siglo IX, en sus Homilías dice así:

«San Juan dio su vida por Cristo, aunque no se le ordenó negar a Jesucristo; sólo se le ordenó callar la verdad» (cf. Hom. 23: CCL122, 354).

Así, al no callar la verdad, murió por Cristo, que es la Verdad.

Precisamente por el amor a la verdad no admitió componendas y no tuvo miedo de dirigir palabras fuertes a quien había perdido el camino de Dios.

...¿de dónde nace esta vida, esta interioridad tan fuerte, tan recta, tan coherente, entregada de modo tan total por Dios y para preparar el camino a Jesús? La respuesta es sencilla: de la relación con Dios, de la oración, que es el hilo conductor de toda su existencia...

Toda la vida del Precursor de Jesús está alimentada por la relación con Dios, en especial el período transcurrido en regiones desiertas (cf. Lc 1, 80); las regiones desiertas que son lugar de tentación, pero también lugar donde el hombre siente su propia pobreza porque se ve privado de apoyos y seguridades materiales, y comprende que el único punto de referencia firme es Dios mismo.

Pero Juan Bautista no es sólo hombre de oración, de contacto permanente con Dios, sino también una guía en esta relación. El evangelista san Lucas, al referir la oración que Jesús enseña a los discípulos, el «Padrenuestro», señala que los discípulos formulan la petición con estas palabras: «Señor enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos» (cf. Lc 11, 1).

Queridos hermanos y hermanas, celebrar el martirio de san Juan Bautista nos recuerda también a nosotros, cristianos de nuestro tiempo, que el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad, no admite componendas.
La Verdad es Verdad, no hay componendas.
La vida cristiana exige, por decirlo así, el «martirio» de la fidelidad cotidiana al Evangelio, es decir, la valentía de dejar que Cristo crezca en nosotros, que sea Cristo quien oriente nuestro pensamiento y nuestras acciones.
Pero esto sólo puede tener lugar en nuestra vida si es sólida la relación con Dios. La oración no es tiempo perdido, no es robar espacio a las actividades, incluso a las actividades apostólicas, sino que es exactamente lo contrario: sólo si somos capaces de tener una vida de oración fiel, constante, confiada, será Dios mismo quien nos dará la capacidad y la fuerza para vivir de un modo feliz y sereno, para superar las dificultades y dar testimonio de él con valentía.
Que san Juan Bautista interceda por nosotros, a fin de que sepamos conservar siempre el primado de Dios en nuestra vida."

viernes, 26 de agosto de 2016

La voluntad de Dios coincide con los deseos más profundos de nuestro corazón


"La historia de amor entre Dios y el hombre consiste precisamente


en que esta comunión de voluntad crece en la comunión del pensamiento y del sentimiento,

de modo que nuestro querer y la voluntad de Dios coinciden cada vez más:

la voluntad de Dios ya no es para mí algo extraño que los mandamientos me imponen desde fuera,

sino que es mi propia voluntad,

habiendo experimentado que Dios está más dentro de mí que lo más íntimo mío.

Crece entonces el abandono en Dios y Dios es nuestra alegría"



miércoles, 30 de septiembre de 2015

-"Adán, ¿dónde estás?" - "Fue la llave de otro la que abrió mi corazón..."

Hagadot sobre el Génesis 3 - Daniel Lifschitz:


Al principio, Dios se abstuvo de hacerles reproches. Quedándose a la puerta del Paraíso, sólo pregunto: "Adán, ¿DÓNDE ESTÁS?"

...

A pesar de que el Señor conocía bien la situación de Adán, comenzó su discurso, a propósito, con una pregunta, para facilitarle a Adán el reconocimiento de su culpa.

"¿Cómo es posible un cambio tan drástico? Hace poco te comportabas según mi voluntad y ahora obedeces a la serpiente; hace poco dominabas el mundo y ahora tienes que esconderte entre los árboles del jardín".

Esto se puede comparar a la historia de un mercader, que tenía que pasar el sábado en una posada y llevaba consigo un cofre en el que conservaba todos sus haberes. No queriendo llevar consigo la llave del cofre (ya que temía profanar el sábado) decidió dejarla dentro, y llamar después de la fiesta a algún artesano para que le abriera la cerradura. El posadero, que era poco honrado y deseaba los tesoros del mercader, descubrió entre sus llaves una que abría la cerradura. Abrió el cofre y robó todo su contenido. Cuando, pasado el sábado, el artesano fue a abrir el cofre, la sorpresa del mercader fue grande al verlo vacío, con su llave dentro. "Puesto que la llave estaba dentro ¿cómo ha sido abierto el cofre?" se preguntó.

Lo mismo preguntaba el Santo, bendito sea, a Adán: "Puesto que, tal como te había creado, no conocías las pasiones, ni el deseo (pasión por el todo) del fruto del árbol de la ciencia que te había prohibido, ¿cómo es que tu corazón se ha abierto al deseo?" Y Adán respondió: "Fue la llave de otro la que abrió mi corazón"...

Dios utilizó la expresión "Dónde estás" para despertar en adán la conversión, dándoles a entender cuán bajo había caído. La palabra "ayeka" (dónde estás) se puede también puntear y leer "aika", que es un grito de dolor. Dios exclamó: "Ay de mí, ¿cómo es que has caído?". Él experimentó un gran dolor por la caída de Adán.


El Señor le preguntó: "¿Por qué, de modo tan impensado, temes mi voz?"
"Señor del Universo, respondió Adán, me he dado cuenta de que tu Shekiná se ha alejado del Paraíso. ¡Me siento desnudo, despojado del único mandamiento que me has dado, y por eso me he escondido!
Añadió el Señor: "¿Acaso tratas de esconderte en un lugar tan secreto que yo no lo descubra?"
El Señor siguió interrogando a Adán, con la esperanza de que confesase su pecado para poder perdonarle. Le preguntó: "¿Acaso has comido del árbol que te prohibí comer?"...

... Adán no confesó su culpa, sino que respondió: "La mujer que me diste como compañera, me dio del árbol y comí"

viernes, 28 de agosto de 2015

San Juan: "Amaos, amaos los unos a los otros..."


"Cuando Juan permaneció en Éfeso hasta una edad muy avanzada, y sólo podía ser llevado al templo en brazos de sus discípulos con dificultad y era incapaz de pronunciar muchas palabras, en las diferentes reuniones, no solía decir otra cosa que:


- 'Hijos, AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS'.

Finalmente, los discípulos y padres que estaban allí, hartos de oír siempre las mismas palabras dijeron:

- 'Maestro, ¿por qué dices siempre esto?'

- 'ES EL MANDAMIENTO DEL SEÑOR' - fue su respuesta-,  y AUNQUE SE HAGA SÓLO ESTO, ES SUFICIENTE'"

San Jerónimo, Comentario sobre los Gálatas