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lunes, 5 de febrero de 2018

¡Mirad cómo se aman! - Tertuliano

Tertuliano - Apologeticum #Capítulo 39 (Año 197 dC) 

"Es precisamente la demostración del amor entre nosotros lo que nos atrae el odio de algunos que dicen: '¡mirad cómo se aman!', mientras ellos se odian entre sí. ¡Mirad cómo cada uno está dispuesto a morir gustosamente por el otro!, mientras ellos están dispuestos, más bien, a matarse unos a otros.

El hecho de que nos llamemos hermanos lo toman como una infamia, sólo porque entre ellos, a mi entender, todo nombre de parentesco se usa con falsedad afectada. Sin embargo, somos incluso hermanos vuestros en cuanto hijos de una misma naturaleza, aunque vosotros seáis poco hombres, pues sois tan malos hermanos. Con cuánta mayor razón se llaman y son verdaderamente hermanos los que reconocen a un único Dios como Padre, los que bebieron un mismo Espíritu de santidad; que esperan una misma herencia; los que de un mismo seno de ignorancia salieron a una misma luz de verdad (...), los que compartimos nuestras mentes y nuestras vidas, los que no vacilamos en comunicar todas las cosas.

Todas las cosas son comunes entre nosotros, excepto las mujeres: en esta sola cosa en que los demás practican tal consorcio. En esto sólo rompemos la compañía, en que solamente la guardan los gentiles, los cuales no solamente usurpan las mujeres ajenas, sino que pacientísimamente brindan con las propias a sus amigos"

miércoles, 11 de enero de 2017

Familia cristiana: "Allí donde Él está presente, el malvado no tiene lugar" (Tertuliano)

Tertuliano (c. 155-c. 220), teólogo a su esposa II, 9

“Allí donde dos estén reunidos, Él está presente”


¿Dónde voy a encontrar la fuerza para describir de manera satisfactoria la felicidad de un matrimonio cristiano? La Iglesia confirma el contrato, la ofrenda eucarística lo sella con la bendición, los ángeles lo proclaman y el Padre celestial lo ratifica.


¡Qué dulce y santa alianza aquella en la que los dos son cristianos (Mt 11, 29), unidos por una sola esperanza, un solo deseo, una sola disciplina, el mismo servicio!

Los dos son hijos de un mismo Padre, servidores de un mismo Señor… son ciertamente dos en una sola carne (Mt 19, 5).

Allí donde la carne es una, uno también es el espíritu.

Juntos oran, juntos se postran, juntos observan a los jóvenes; se instruyen mutuamente, se exhortan mutuamente, se dan ánimos mutuamente.

Los encontráis juntos en la iglesia, juntos en el banquete de Dios, juntos en las pruebas, las persecuciones, los consuelos.

Entre ellos no existe ningún secreto, ninguna escapatoria, ningún motivo de pena.

Con toda libertad visitan a los enfermos, asisten a los indigentes. Para la limosna ninguna tacañearía, para el sacrificio ningún contratiempo, para la observancia de los deberes cotidianos no hay trabas. En su casa ningún signo de cruz furtivo, saludo inquieto, bendición muda.

Entre ellos, resuenan salmos e himnos; se provocan mutuamente para saber quien entona el mejor canto a su Señor. Cristo se alegra de esta vista en este concierto. Les envía su paz. Allí donde dos están reunidos, él también está presente (Mt 18,20). Allí donde él está presente, el malvado no tiene lugar.

lunes, 30 de mayo de 2016

"Para venir a lo que no sabes has de ir por donde no sabes" (San Juan de la Cruz)

Subida al Monte Carmelo - San Juan de la Cruz (Libro I, cap. 13, 11) 




Para venir a gustarlo todo
no quieras tener gusto en nada.

Para venir a saberlo todo
no quieras saber algo en nada.

Para venir a poseerlo todo
no quieras poseer algo en nada.

Para venir a serlo todo
no quieras ser algo en nada.

Para venir a lo que no gustas
has de ir por donde no gustas.

Para venir a lo que no sabes
has de ir por donde no sabes.

Para venir a lo que no posees
has de ir por donde no posees.

Para venir a lo que no eres
has de ir por donde no eres.

Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.

Para venir del todo al todo
has de dejarte del todo en todo,
y cuando lo vengas del todo a tener
has de tenerlo sin nada querer.
Porque si quieres tener algo en todo,
no tienes puro en Dios tu tesoro.

En esta desnudez halla el espíritu su descanso: porque no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba, y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad; pues que, cuando algo codicia, en eso mismo se fatiga.


viernes, 21 de agosto de 2015

La Avaricia - Evagrio Póntico


La avaricia es la raíz de todos los males y nutre como malignos arbustos a las demás pasiones y no permite que se sequen aquellas que florecen de ésta.

Quien desea hacer retroceder a las pasiones, que extirpe la raíz; si efectivamente podas para el bien las ramas pero la avaricia permanece, no te servirá de nada, porque éstas, a pesar de que se hayan reducido, rápidamente florecen.



El monje rico
es como una nave demasiado cargada que es hundida por el ímpetu de una tempestad: tal como una nave que deja entrar el agua es puesta a prueba por cada ola, así el rico se ve sumergido por las preocupaciones.

El monje que no posee nada
es en cambio un viajero ágil que encuentra refugio en todos lados.
Es como el águila que vuela por lo alto y que baja a buscar su alimento cuando lo necesita.
Está por encima de cualquier prueba, se ríe del presente y se eleva a las alturas alejándose de las cosas terrenas y juntándose a las celestes: tiene efectivamente alas ligeras, jamás apesadumbradas por las preocupaciones.
Sobrepasa la opresión y deja el lugar sin dolor;
la muerte llega y se va con ánimo sereno: el alma, en efecto, no ha estado amarrada por ningún tipo de atadura.

Quien en cambio mucho posee se somete a las preocupaciones y, como el perro, está amarrado a la cadena, y, si es obligado a irse, se lleva consigo, como un grave peso y una inútil aflicción, los recuerdos de sus riquezas, es vencido por la tristeza y, cuando lo piensa, sufre mucho, ha perdido las riquezas y se atormenta en el desaliento.

Y si llega la muerte abandona miserablemente sus tenencias, entrega el alma, mientras el ojo no abandona los negocios; de mala gana es arrastrado como un esclavo fugitivo, se separa del cuerpo y no se separa de sus intereses: porque la pasión lo aferra más que lo que lo arrastra.

El mar jamás se llena del todo a pesar de recibir la gran masa de agua de los ríos, de la misma manera el deseo de riquezas del avaro jamás se sacia, él las duplica e inmediatamente desea cuadruplicarlas y no cesa jamás esta multiplicación, hasta que la muerte no pone fin a tal interminable premura.

El monje juicioso tendrá cuidado de las necesidades del cuerpo y proveerá con pan y agua el estómago indigente, no adulará a los ricos por el placer del vientre, ni someterá su mente libre a muchos amos: en efecto, las manos son siempre suficientes para satisfacer las necesidades naturales.

El monje que no posee nada es un púgil que no puede ser golpeado de lleno y un atleta veloz que alcanza rápidamente el premio de la invitación celeste.

El monje rico se regocija en las muchas rentas,
mientras que el que no tiene nada se goza con los premios que le vienen de las cosas bien obtenidas.

El monje avaro trabaja duramente mientras que el que no posee nada usa el tiempo para la oración y la lectura.

El monje avaro llena de oro los agujeros, mientras que el que nada posee atesora en el cielo.

Sea maldito aquel que forja el ídolo y lo esconde, al igual que aquel que es afecto a la avaricia: el primero en efecto se postra frente a lo falso e inútil, el otro lleva en sí la imagen[del objeto que lo domina] de la riqueza, como un simulacro.

lunes, 17 de agosto de 2015

El corazón del avaro - San Antonio de Padua

El corazón del avaro


En Toscana, gran región de Italia, se estaban celebrando solemnemente, como sucede en estos casos, las exequias de un hombre muy rico. Al funeral estaba presente nuestro San Antonio, que, movido por una inspiración impetuosa, se puso a gritar que el muerto no tenía que ser enterrado en un sitio consagrado, sino a lo largo de las murallas de la ciudad, como un perro.


Y esto porque su alma estaba condenada al infierno, y aquel cadáver no tenía corazón, como había dicho el Señor según el santo evangelista Lucas: "Donde está tu tesoro, allí está también tu corazón" (Lc 12, 34).

Ante esta exhortación, como es natural, todos se quedaron estupefactos, y tuvo lugar un encendido cambio de opiniones. Al final se abrió el pecho del difunto. Y no se encontró su corazón que, según las predicciones del Santo, fue encontrado en la caja fuerte donde conservaba su dinero.

Por dicho motivo, la ciudadanía alabó con entusiasmo a Dios y a su Santo. Y aquel muerto no fue enterrado en el mausoleo que se le había preparado, sino llevado como un asno a la muralla y allí enterrado . (SICCO POLENTONE, Vita di sant' Antonio, n. 35).