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jueves, 28 de noviembre de 2019

"Si somos ovejas, vencemos... si nos convertimos en lobos, somos vencidos" (San Juan Crisóstomo)

San Juan Crisóstomo
Homilías sobre el evangelio de san Mateo 33,1.2

Mientras somos ovejas, vencemos y superamos a los lobos, aunque nos rodeen en gran número; pero, si nos convertimos en lobos, entonces somos vencidos, porque nos vemos privados de la protección del Pastor. Este, en efecto, no pastorea lobos, sino ovejas, y, por esto, te abandona y se aparta entonces de ti, porque no le dejas mostrar su poder. 

Es como si dijera: «No os alteréis por el hecho de que os envío en medio de lobos y, al mismo tiempo, os mando que seáis como ovejas y como palomas. Hubiera podido hacer que fuera al revés y enviaros de modo que no tuvierais que sufrir mal alguno ni enfrentaros como ovejas ante lobos, podía haberos hecho más temibles que leones; pero eso no era lo conveniente, porque así vosotros hubierais perdido prestigio y yo la ocasión de manifestar mi poder. 

Es lo mismo que decía a Pablo: Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad (2 Cor 12, 9). Así es como yo he determinado que fuera». 

Al decir: Os mando como ovejas, dice implícitamente: «No desmayéis: yo sé muy bien que de este modo sois invencibles». 

Pero, además, para que pusieran también ellos algo de su parte y no pensaran que todo había de ser pura gracia y que habían de ser coronados sin mérito propio, añade: Por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas (Mt 10, 16). 

«Mas, ¿de qué servirá nuestra sagacidad -es como si dijesen- en medio de tantos peligros? ¿Cómo podremos ser sagaces en medio de tantos embates? 
Por mucha que sea la sagacidad de la oveja, ¿de qué le aprovechará cuando se halle en medio de los lobos, y en tan gran número? Por mucha que sea la sencillez de la paloma, ¿de qué le servirá, acosada por tantos gavilanes?» Ciertamente, la sagacidad y la sencillez no sirven para nada a estos animales irracionales, pero a vosotros os sirven de mucho. 

Pero veamos cuál es la sagacidad que exige aquí el Señor. 

«Como serpientes - dice-. Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionado su cuerpo, con tal que conserve la cabeza, así también tú -dice- debes estar dispuesto a perderlo todo, tu dinero, tu cuerpo y aun la misma vida, con tal que conserves la fe. 

La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces». 

Así, pues, no te manda que seas sólo sencillo ni sólo sagaz, sino ambas cosas a la vez, porque en ello consiste la verdadera virtud. 
La sagacidad de la serpiente te hará invulnerable a los golpes mortales;
la sencillez de la paloma frenará tus impulsos de venganza contra los que te dañan o te ponen asechanzas, pues, sin esto, en nada aprovecha la sagacidad.
Nadie piense que estos mandatos son imposibles de cumplir. El Señor conoce más que nadie la naturaleza de las cosas: él sabe que la violencia no se vence con la violencia, sino con la mansedumbre.

lunes, 20 de julio de 2015

Espera en Dios - San Agustín


"Eres rico en misericordia con todos los que te invocan" (Salm 85,9).


No digas: "El Señor No me concedió esto o aquello". Entra en tu conciencia; examínala, interrógala, no la perdones. Si en verdad invocaste a Dios, estate seguro de que cuanto le pedías para esta vida temporal no te lo concedió porque no te iba a ser de provecho.

Edifíquese sobre esto vuestro corazón, hermanos, el corazón cristiano, el corazón fiel.

No comencéis a poneros tristes como si hubierais sido defraudados en vuestros deseos, ni os indignéis contra Dios. No os conviene "dar coces contra el aguijón" (Hch 9, 5).

Escrutad las Escrituras. ¡Fue escuchado el diablo y no el apóstol! ¿Qué os parece? ¿En que modo son escuchados los demonios ? Pidieron entrar en los puercos y se les concedió (Mt 8, 31-32). ¿Cuando fue escuchado el diablo? Pidió tentar a Job y se le concedió (Job 1, 11-12; 2, 5-6). ¡En qué momento no fue escuchado el Apóstol? Dice él: "Para que no me ensoberbeciese con la excelencia de mis revelaciones, se me dio el aguijón de la carne, el ángel de Satanás, para que me abofetee: por lo cual rogué tres veces al Señor que me lo quitase, y me respondió: 'Te basta mi gracia, pues la virtud llega a su perfección en la debilidad' (2 Cor 12, 7-9). Escuchó a aquel a quien se disponía a condenar y no escuchó a aquel a quien quería sanar.

En efecto, también el enfermo pide muchas cosas al médico, pero no se las da. No atiende a su deseo para atender a su voluntad de curar. Considera a Dios como tu médico, pídele la salud y la salud será Él mismo. No una salud distinta de él, sino que la salud es Él mismo.

Por tu parte no ames otra cosa fuera de Él mismo; antes bien, di lo que hallas en el salmo: "Di a mi alma: 'Yo soy tu salud'"(Sal 34,3) ¿Quieres que se te de Él mismo? ¿Y si para darse él a ti, no quiere que tengas lo que tu quieres tener? Él elimina los obstáculos para entrar en ti.

Sermones de San Agustín

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