Mostrando entradas con la etiqueta cordero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cordero. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de noviembre de 2019

"Si somos ovejas, vencemos... si nos convertimos en lobos, somos vencidos" (San Juan Crisóstomo)

San Juan Crisóstomo
Homilías sobre el evangelio de san Mateo 33,1.2

Mientras somos ovejas, vencemos y superamos a los lobos, aunque nos rodeen en gran número; pero, si nos convertimos en lobos, entonces somos vencidos, porque nos vemos privados de la protección del Pastor. Este, en efecto, no pastorea lobos, sino ovejas, y, por esto, te abandona y se aparta entonces de ti, porque no le dejas mostrar su poder. 

Es como si dijera: «No os alteréis por el hecho de que os envío en medio de lobos y, al mismo tiempo, os mando que seáis como ovejas y como palomas. Hubiera podido hacer que fuera al revés y enviaros de modo que no tuvierais que sufrir mal alguno ni enfrentaros como ovejas ante lobos, podía haberos hecho más temibles que leones; pero eso no era lo conveniente, porque así vosotros hubierais perdido prestigio y yo la ocasión de manifestar mi poder. 

Es lo mismo que decía a Pablo: Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad (2 Cor 12, 9). Así es como yo he determinado que fuera». 

Al decir: Os mando como ovejas, dice implícitamente: «No desmayéis: yo sé muy bien que de este modo sois invencibles». 

Pero, además, para que pusieran también ellos algo de su parte y no pensaran que todo había de ser pura gracia y que habían de ser coronados sin mérito propio, añade: Por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas (Mt 10, 16). 

«Mas, ¿de qué servirá nuestra sagacidad -es como si dijesen- en medio de tantos peligros? ¿Cómo podremos ser sagaces en medio de tantos embates? 
Por mucha que sea la sagacidad de la oveja, ¿de qué le aprovechará cuando se halle en medio de los lobos, y en tan gran número? Por mucha que sea la sencillez de la paloma, ¿de qué le servirá, acosada por tantos gavilanes?» Ciertamente, la sagacidad y la sencillez no sirven para nada a estos animales irracionales, pero a vosotros os sirven de mucho. 

Pero veamos cuál es la sagacidad que exige aquí el Señor. 

«Como serpientes - dice-. Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionado su cuerpo, con tal que conserve la cabeza, así también tú -dice- debes estar dispuesto a perderlo todo, tu dinero, tu cuerpo y aun la misma vida, con tal que conserves la fe. 

La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces». 

Así, pues, no te manda que seas sólo sencillo ni sólo sagaz, sino ambas cosas a la vez, porque en ello consiste la verdadera virtud. 
La sagacidad de la serpiente te hará invulnerable a los golpes mortales;
la sencillez de la paloma frenará tus impulsos de venganza contra los que te dañan o te ponen asechanzas, pues, sin esto, en nada aprovecha la sagacidad.
Nadie piense que estos mandatos son imposibles de cumplir. El Señor conoce más que nadie la naturaleza de las cosas: él sabe que la violencia no se vence con la violencia, sino con la mansedumbre.

miércoles, 19 de abril de 2017

"Venid todos los que os halláis enfangados en el mal. Yo soy la Pascua de Salvación" - Melitón de Sardes

Melitón de Sardes - Homilía sobre la Pascua 2-7. 100-103


"El Señor, siendo Dios, se revistió de la naturaleza de hombre:
sufrió por el que sufría,
fue encarcelado en bien del que estaba cautivo,
juzgado en lugar del culpable,
sepultado por el que yacía en el sepulcro.

Y resucitando de entre los muertos, exclamó con voz potente:
¿Quién tiene algo contra mí? ¡Que se me acerque!

Yo soy –dice– quien he librado al condenado,
yo quien he vivificado al muerto,
yo quien hice salir de la tumba al que ya estaba sepultado.

¿Quién peleará contra mí?

Yo soy –dice– Cristo; el que venció la muerte,
encadenó al enemigo,
pisoteó el infierno,
maniató al fuerte,
llevó al hombre hasta lo más alto de los cielos;

yo, en efecto, que soy Cristo.

Venid, pues, vosotros todos, los hombres que os halláis enfangados en el mal,
recibid el perdón de vuestros pecados.

Porque yo soy vuestro perdón,
soy la Pascua de salvación,
soy el cordero degollado por vosotros,
soy vuestra agua lustral,
vuestra vida,
vuestra resurrección,
vuestra luz,
vuestra salvación
y vuestro rey.

Puedo llevaros hasta la cumbre de los cielos,
os resucitaré,
os mostraré al Padre celestial,
os haré resucitar con el poder de mi diestra"

lunes, 24 de octubre de 2016

¿Por qué lloras Madre mía? - San Romano el Meloda

¿POR QUÉ LLORAS MADRE MÍA?

San Romano el Melódico
Himno 25, María en el camino de la cruz

«Y a ti misma, una espada te traspasará el corazón» (Lc 2,35).

Oveja contemplando a su cordero que es llevado al matadero (Is 53,7), consumida de dolor; le seguía, con las demás mujeres, clamando así: «¿Adónde vas, hijo mío? ¿Por qué acabas de esta manera tu corta vida (Sal 18,6)?

Todavía hay, en Caná, otras bodas, ¿es allí que tú vas ahora, tan rápidamente para hacer, de nuevo, vino del agua? ¿Te puedo acompañar, hijo mío, o es mejor que espere? Dime una palabra, Verbo, no pases delante de mí en silencio…, tú, que eres mi hijo y mi Dios…»
Tú vas hacia una muerte injusta y nadie comparte tu sufrimiento. Pedro no te acompaña ahora, él que decía: «Aunque tuviera que morir, yo jamás te negaré» (Mt 26,35). Te ha abandonado ese Tomás que exclamaba: «Muramos con él» (Jn 11,6). Y también los demás, los íntimos, ellos que han de juzgar a las doce tribus (Mt 19,28), ¿dónde están, ahora? No ha quedado ninguno; y tú, completamente solo, hijo mío, mueres por todos. Es tu salario por haber salvado a todos los hombres y haberles servido, hijo mío y Dios mío.
Girándose hacia María, aquél que salió de ella, exclamó: «¿Por qué lloras, madre?… Yo, ¿no sufrir? ¿no morir? ¿Cómo podría salvar a Adán? ¿Dejar de habitar el sepulcro? ¿Cómo devolvería la vida a los que permanecen en el país de los muertos? ¿Por qué lloras? Mejor que grites: ‘Él sufre voluntariamente, mi hijo y mi Dios’. Virgen sensata, no te vuelvas semejante a las insensatas (Mt 25,1s); tú estás dentro de la sala de bodas, no reacciones, pues, como si estuvieras fuera… No llores más, pues es mejor que digas: ‘Ten piedad de Adán, sé misericordioso con Eva, tú, mi hijo y mi Dios.’
Ten la seguridad, madre, que tú serás la primera en verme salir del sepulcro. Vendré a mostrarte de qué males he rescatado a Adán, qué de sudores he derramado por él. A mis amigos les revelaré el sentido de las señales que verán en mis manos. Entonces, tú verás a Eva como en otros tiempos.


lunes, 29 de agosto de 2016

San Juan Bautista: "La vida cristiana exige el «martirio»" (Benedicto XVI)

"...Juan Bautista comienza su predicación bajo el emperador Tiberio, en los años 27-28 d.C., y a la gente que se reúne para escucharlo la invita abiertamente a preparar el camino para acoger al Señor, a enderezar los caminos desviados de la propia vida a través de una conversión radical del corazón (cf. Lc 3, 4).

Pero el Bautista no se limita a predicar la penitencia, la conversión,

sino que, reconociendo a Jesús como «el Cordero de Dios» que vino a quitar el pecado del mundo (Jn 1, 29), tiene la profunda humildad de

mostrar en Jesús al verdadero Enviado de Dios, poniéndose a un lado para que Cristo pueda crecer, ser escuchado y seguido.

Como último acto, el Bautista testimonia con la sangre su fidelidad a los mandamientos de Dios, sin ceder o retroceder, cumpliendo su misión hasta las últimas consecuencias.

San Beda, monje del siglo IX, en sus Homilías dice así:

«San Juan dio su vida por Cristo, aunque no se le ordenó negar a Jesucristo; sólo se le ordenó callar la verdad» (cf. Hom. 23: CCL122, 354).

Así, al no callar la verdad, murió por Cristo, que es la Verdad.

Precisamente por el amor a la verdad no admitió componendas y no tuvo miedo de dirigir palabras fuertes a quien había perdido el camino de Dios.

...¿de dónde nace esta vida, esta interioridad tan fuerte, tan recta, tan coherente, entregada de modo tan total por Dios y para preparar el camino a Jesús? La respuesta es sencilla: de la relación con Dios, de la oración, que es el hilo conductor de toda su existencia...

Toda la vida del Precursor de Jesús está alimentada por la relación con Dios, en especial el período transcurrido en regiones desiertas (cf. Lc 1, 80); las regiones desiertas que son lugar de tentación, pero también lugar donde el hombre siente su propia pobreza porque se ve privado de apoyos y seguridades materiales, y comprende que el único punto de referencia firme es Dios mismo.

Pero Juan Bautista no es sólo hombre de oración, de contacto permanente con Dios, sino también una guía en esta relación. El evangelista san Lucas, al referir la oración que Jesús enseña a los discípulos, el «Padrenuestro», señala que los discípulos formulan la petición con estas palabras: «Señor enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos» (cf. Lc 11, 1).

Queridos hermanos y hermanas, celebrar el martirio de san Juan Bautista nos recuerda también a nosotros, cristianos de nuestro tiempo, que el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad, no admite componendas.
La Verdad es Verdad, no hay componendas.
La vida cristiana exige, por decirlo así, el «martirio» de la fidelidad cotidiana al Evangelio, es decir, la valentía de dejar que Cristo crezca en nosotros, que sea Cristo quien oriente nuestro pensamiento y nuestras acciones.
Pero esto sólo puede tener lugar en nuestra vida si es sólida la relación con Dios. La oración no es tiempo perdido, no es robar espacio a las actividades, incluso a las actividades apostólicas, sino que es exactamente lo contrario: sólo si somos capaces de tener una vida de oración fiel, constante, confiada, será Dios mismo quien nos dará la capacidad y la fuerza para vivir de un modo feliz y sereno, para superar las dificultades y dar testimonio de él con valentía.
Que san Juan Bautista interceda por nosotros, a fin de que sepamos conservar siempre el primado de Dios en nuestra vida."

lunes, 28 de marzo de 2016

Tú has cubierto de verguenza la muerte - Melitón de Sardés

Fragmentos de los escritos y homilías sobre la Pascua, de Melitón de Sardes
Obispo de Sardes, +180


“Herido por el endurecimiento de su corazón” (cf Mc 8,17). El es el cordero sin voz, el cordero degollado, nacido de María, la cordera graciosa. El ha sido sacado del rebaño y llevado a la muerte... Fue asesinado. ¿Dónde? En el corazón de Jerusalén. ¿Por qué? Porque había curado a los cojos, purificado a los leprosos, iluminado a los ciegos y resucitado a los muertos. (Lc 7,22) Por esto ha padecido. En la Ley y en los profetas leemos: “Me devuelven mal por bien. Me acusan cuando busco el bien. Han tramado maquinaciones contra mí: Destruyamos al justo, porque nos resulta odioso.” (cf Sal 37,21 y Jr 11,19)" (Homilía pascual, 71-73; SC 123)


"Muchas predicciones nos dejaron los profetas en torno al misterio de Pascua, que es Cristo; a él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

El vino desde los cielos a la tierra a causa de los sufrimientos humanos; se revistió de la naturaleza humana en el vientre virginal y apareció como hombre; hizo suyas las pasiones y sufrimientos humanos con su cuerpo, sujeto al dolor, y destruyó las pasiones de la carne, de modo que quien por su espíritu no podía morir acabó con la muerte homicida.

Se vio arrastrado como un cordero y degollado como una oveja, y así nos redimió de idolatrar al mundo, el que en otro tiempo libró a los israelitas de Egipto, y nos salva de la esclavitud diabólica, como en otro tiempo a Israel de la mano del Faraón; y marcó nuestras almas con su propio Espíritu, y los miembros de nuestro cuerpo con su sangre.

Éste es el que cubrió a la muerte de confusión y dejó sumido al demonio en el llanto, como Moisés al Faraón. Este es el que derrotó a la iniquidad y a la injusticia, como Moisés castigó a Egipto con la esterilidad.

Éste es el que nos sacó de la servidumbre a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de las tinieblas al recinto eterno, e hizo de nosotros un sacerdocio nuevo y un pueblo elegido y eterno. Él es la Pascua nuestra salvación.

Éste es el que tuvo que sufrir mucho y en muchas ocasiones:
el mismo que fue asesinado en Abel
y atado de manos en Isaac,
el mismo que peregrinó en Jacob
y vendido en José,
expuesto en Moisés
y sacrificado en el madero,
perseguido en David
y deshonrado en los profetas.
Éste es el que se encarnó en la Virgen,
fue colgado madero
y fue sepultado en tierra,
y el que, resucitado de entre los muertos, subió al cielo.

Éste es el cordero que enmudecía y que fue inmolado; el mismo que nació de María, la hermosa cordera; el mismo que fue arrebatado del rebaño, empujado a la muerte, inmolado al atardecer y sepultado por la noche; aquel que no fue quebrantado en el leño, ni se descompuso en tierra; el mismo que resucitó de entre los muertos e hizo que el hombre surgiera desde lo más hondo del sepulcro." (Números. 65-71: SC 123, 95-101)


"Antigua era la ley, pero nuevo el Verbo; 
temporal era la figura, pero eterno el don; 
corruptible la oveja, pero el Señor incorruptible:
es inmolado como cordero, pero resucita como Dios.
Porque, "como una oveja fue llevado al matadero" (Is 53, 7), pero no era una oveja; 
como un cordero sin voz, mas no era cordero.
Lo que era figura pasó, mas la realidad está presente.
En vez del cordero, se hizo presente Dios; 
en vez de la oveja, un hombre, 
y en este hombre, Cristo, el que contiene todas las cosas.

Así pues, el sacrificio de la oveja, 
y la solemnidad de la Pascua, 
y la letra de la ley, 
han cedido su lugar a Cristo Jesús,
por causa del cual todo sucedía en la ley antigua, 
y mucho más en la nueva disposición.

Porque la ley se ha convertido en Verbo... 
el mandamiento en don, 
la figura en realidad, 
el cordero en Hijo, 
la oveja en hombre, 
y el hombre en Dios.

Pues el que había nacido como Hijo.
y había sido conducido como cordero, 
y sacrificado como oveja, 
y sepultado como hombre, 
resucitó de entre los muertos como Dios, 
pues era por naturaleza a la vez Dios y hombre.

Él es todas las cosas:
en cuanto juzga, es ley; 
en cuanto enseña, Verbo;
en cuanto engendra, Padre; 
en cuanto sepultado, hombre; 
en cuanto resucita, Dios.
en cuanto es engendrado, Hijo; 
en cuanto padece, oveja; 
Éste es Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos. Amén" (Números 4-10)
(I La novedad del Verbo hecho hombre )


"Voy a explicar detalladamente las palabras de la Escritura (cfr. Ex 12, 3-28): cómo Dios ordena a Moisés en Egipto, cuando quiere, de una parte someter al faraón bajo el látigo, y de otra librar a Israel del látigo por la mano de Moisés.

En efecto, dice: «He aquí que tomarás un cordero sin defecto y sin tacha y al atardecer lo inmolarás con los hijos de Israel, y a la noche lo comerás con prisa, y no romperéis ninguno de sus huesos. Así—dice—harás: en una sola noche lo comeréis por familias y por tribus, ceñidos vuestros lomos y los cayados en vuestras manos. Porque ésta es la pascua del Señor, memorial eterno para los hijos de Israel. Habiendo tomado la sangre de la oveja, untad las puertas exteriores de vuestras casas colocando sobre los montantes de la entrada la señal de la sangre para la intimidación del ángel. Porque he aquí que Yo heriré a Egipto y en una sola noche será privado de hijos, desde el ganado hasta el hombre».

Entonces Moisés, habiendo degollado la oveja y habiendo cumplido de noche el misterio con los hijos de Israel, marcó las puertas de las casas para protección del pueblo y para intimidación del ángel.

Cuando la oveja es degollada, 
y la pascua es comida, 
y el misterio es cumplido, 
y el pueblo alegrado, 
e Israel marcado, 
entonces llega el ángel para herir a Egipto. 
En una sola noche castigó a Egipto, 
no iniciado en el misterio, 
ni partícipe de la pascua, 
ni marcado por la sangre, 
ni protegido por el Espíritu, 
sino enemigo, incrédulo; 
y en una sola noche, después de herirlo, lo privó de sus hijos (...). 

Israel, en cambio, estaba protegido por la inmolación del cordero, 
y al mismo tiempo iluminado por la sangre vertida: 
y la muerte de la oveja resultaba ser una muralla para el pueblo. 

¡Oh misterio sorprendente e inexplicable! 
La inmolación del cordero resultó ser la salvación de Israel, 
la muerte de la oveja llegó a ser vida del pueblo 
y la sangre intimidó al ángel. 

Dime, ángel, lo que te ha intimidado: 
¿la inmolación del cordero, o la vida del Señor?, 
¿la muerte de la oveja o la figura del Señor?, 
¿la sangre del cordero o el Espíritu del Señor? 
Es claro que estás intimidado 
por haber visto el misterio del Señor realizado en la oveja, 
la vida del Señor en la inmolación del cordero, 
la prefiguración del Señor en la muerte de la oveja. 
Por esto no castigaste a Israel, sino que privaste de sus hijos sólo a Egipto. 

¿Cuál es este misterio inesperado: 
que Egipto haya sido golpeado para su perdición 
e Israel, en cambio, protegido para su salvación? 

Oíd la dinámica del misterio. 

Lo que se ha dicho y lo que ha ocurrido no es nada, amadísimos, si se separa de su simbolismo y de su proyecto. Todo lo que se realice y se diga, participa del simbolismo—la palabra, del simbolismo; el hecho, de la prefiguración—para que, así como el hecho se manifiesta por la prefiguración, así también la palabra se ilumine por el simbolismo.

Una obra no se construye sin un proyecto. ¿O no se ve lo que ha de ser a través de la imagen que la prefigura? Por eso, el proyecto que se va a realizar se modela primero con cera, o con arcilla, o con madera, a fin de que se pueda ver lo que va a ser construido más alto en grandeza, más fuerte en resistencia, y bello de forma y rico en instalación, gracias a una pequeña maqueta, destinada a perecer. Porque cuando se ha realizado aquello para lo que había sido destinada la figura, entonces, lo que hasta aquí portaba la imagen del futuro es destruido, por haberse hecho inútil, al haber cedido su imagen a una realidad verdadera. Pues aquello que en otro tiempo era de valor se devalúa una vez aparecido lo que es verdaderamente precioso.

Efectivamente, cada cosa tiene su propio tiempo: al modelo su propio tiempo, al material su propio tiempo. Haces el modelo de la obra real. Lo deseas porque ves en él la imagen de lo que va a ser. Suministras el material para el modelo. Lo deseas por lo que se va a construir gracias a él. Ejecutas la obra, a ella sola la deseas, a ella sola quieres, viendo en ella sola el modelo y el material y la realidad.
(II. La vieja y la nueva Pascua)


"La salvación del Señor y la realidad fueron prefiguradas en el pueblo (judío), 
y las prescripciones del Evangelio fueron prenunciadas por la ley.
De esta suerte, el pueblo era como el esbozo de un plan, 
y la ley, la letra de una parábola; 
pero el Evangelio es la explicación de la ley y su cumplimiento, 
y la Iglesia el lugar donde aquello se realiza.
Lo que era figura era valioso antes de que se diera la realidad.
y la parábola era maravillosa antes de que se diera la explicación.
Es decir, el pueblo (judío) tenía un valor antes de que se estableciera la Iglesia, 
y la ley era maravillosa antes de que resplandeciera la luz del Evangelio.
Pero cuando surgió la Iglesia y se presentó el Evangelio, 
se hizo vano lo que era figura, y su fuerza pasó a la realidad; 
la ley llegó a su cumplimiento, y traspasó su fuerza al Evangelio. 
El pueblo (de Israel) perdió su razón de ser, así que se estableció la Iglesia, 
la figura fue abolida, así que apareció el Señor.
Lo que antes era valioso, ha quedado ahora sin valor, 
pues se ha manifestado lo que realmente era valioso por naturaleza.
Valioso era antes el sacrificio de la oveja,
pero ahora es sin valor, a causa de la vida del Señor.
Valiosa era la muerte de la oveja, 
pero ahora es sin valor, a causa de la salvación del Señor.
Valiosa era la sangre de la oveja, 
pero ahora es sin valor, a causa del espíritu del Señor.
Valioso era el cordero sin voz, 
pero ahora es sin valor, a causa del Hijo sin mancilla.
Valioso era el templo de abajo, 
pero ahora es sin valor, a causa del Cristo de arriba.
Valiosa era la Jerusalén de abajo, 
pero ahora es sin valor, a causa de la Jerusalén de arriba.
Valiosa era aquella angosta herencia, 
pero ahora es sin valor, a causa de la amplitud del don.
Porque no es en lugar alguno determinado, ni en una estrecha franja de tierra 
donde se ha establecido la gloria de Dios, 
sino que su don se ha derramado por todos los confines de la tierra habitada, 
y en ellos ha puesto el Dios omnipotente su tienda.
Por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos. Amén." (Números 11-16, 30-45)
(III. Las figuras del Antiguo Testamento, suplantadas por la realidad del Nuevo.)


"Dios, habiendo creado al principio por el Verbo el cielo y la tierra y cuanto en ellos se contiene, modeló al hombre de la tierra y comunicó a esta figura su soplo. Y colocó al hombre en un paraíso hacia el oriente, en Edén, para que viviera agradablemente, y le dio como ley un mandato... Pero el hombre que era por naturaleza capaz del bien y del mal, como un pedazo de tierra que puede recibir buenas y malas semillas, acogió a un consejero hostil y codicioso, y tomando del árbol transgredió el mandamiento y desobedeció a Dios. En consecuencia, fue echado a este mundo, como a una prisión de condenados. Después de muchos años y de haber dejado mucha descendencia, volvió a la tierra, a causa de haber comido del árbol, y dejó a sus hijos esta herencia...

No la pureza, sino la lujuria; 
No la inmortalidad, sino la corrupción; 
No el honor, sino la deshonra; 
No la libertad, sino la esclavitud; 
No la realeza, sino la tiranía; 
No la vida, sino la muerte; 
No la salvación, sino la perdición.

Nueva y terrible fue, en efecto, la perdición de los hombres sobre la tierra. He aquí lo que les aconteció: eran arrebatados por el pecado como por un tirano, y eran llevados a los lugares de concupiscencia en los que andaban zarandeados por placeres insaciables, por el adulterio, la fornicación, la impudencia, los malos deseos, la codicia, los asesinatos, el derramamiento de sangre, la tiranía de la maldad y la tiranía de la injusticia. Porque el padre sacaba la espada contra su hijo, y el hijo ponía sus manos contra su padre; el impío golpeaba los pechos que le habían amamantado; el hermano mataba a su hermano; el huésped hacia injusticia a su huésped; el amigo asesinaba al amigo y el hombre degollaba al hombre con mano de tirano. Todos sobre la tierra se convirtieron, unos en asesinos, otros en fratricidas, otros en parricidas, otros en infanticidas... con esto exultaba el Pecado: siendo colaborador de la muerte, la precedía en las almas de los hombres y preparaba para ella como alimento los cuerpos de los muertos. En toda alma imprimía el pecado su huella, y aquellos que tenían esta huella tenían que morir.

Toda carne, pues, cayó bajo el pecado, 
y todo cuerpo bajo la muerte,
y toda alma era arrojada de su morada carnal, 
y lo que había sido tomado de la tierra se disolvía en la tierra, 
y lo que había sido dado por Dios era encarcelado en el Hades.
La bella armonía quedaba disuelta,
y el bello cuerpo, deshecho.
Porque el hombre quedaba dividido bajo el poder de la muerte, 
una extraña desgracia y cautividad le rodeaban.
Era arrastrado como prisionero por las sombras de la muerte, 
y la imagen del Padre yacía abandonada.
Esta es la razón por la que se ha cumplido el misterio de la Pascua 
en el cuerpo del Señor." (Números 47-57)
(IV. El pecado del hombre.)


"De antemano el Señor había preordenado sus propios padecimientos 
en los patriarcas y en los profetas y en todo el pueblo, 
poniendo como sello la ley y los profetas.
Porque lo que había de realizarse de manera inaudita y grandiosa, 
estaba preparado desde mucho tiempo, 
para que cuando sucediera fuera creído, 
habiendo sido prefigurado desde antiguo...

Antiguo y nuevo es el misterio del Señor:
antiguo en la figura, pero nuevo en el don.
Si miras a esa figura, verás la realidad a lo largo de la realización.
Si quieres, pues, contemplar el misterio del Señor has de mirar 
a Abel que fue asesinado como él, 
a Isaac que fue atado como él, 
a José que fue vendido como él, 
a Moisés que fue expuesto como él, 
a David que fue perseguido como él, 
a los profetas que padecieron por Cristo como él.

Mira también al cordero que fue degollado en la tierra de Egipto, 
al que golpeó a Egipto y salvó a Israel por la sangre...

Él es el que vino de los cielos a la tierra a causa del que sufría, 
y se revistió de éste mediante las entrañas de una virgen 
presentándose como hombre.
Él tomó sobre sí los sufrimientos del que sufría al tomar un cuerpo capaz de sufrir 
y destruyó los sufrimientos de la carne, 
matando, con su espíritu que no puede morir, 
a la muerte homicida.

Él es el que nos arrancó de la esclavitud para la libertad 
de las tinieblas para la luz, 
de la muerte para la vida, 
de la tiranía para el reino eterno.
ÉI hizo de nosotros un sacerdocio nuevo, 
y un pueblo elegido para siempre.
Él es la Pascua de nuestra salvación

Él es el que se encarnó en una virgen, 
el que fue suspendido en un madero, 
el que fue enterrado en la tierra, 
el que resucitó de entre los muertos, 
el que fue arrebatado a las alturas de los cielos.

El es el cordero sin voz, 
él es el cordero degollado, 
él es el nacido de María, la oveja bella, 
él es el que fue tomado del rebaño 
y arrastrado al matadero, 
sacrificado al atardecer 
y sepultado por la noche; 
sobre el madero no fue quebrantado, 
en la tierra no sufrió corrupción, 
sino que resucitó de los muertos, 
y resucitó al hombre de lo profundo de su sepulcro.

Éste ha sido puesto a muerte. 
¿Dónde? En medio de Jerusalén.
¿Por qué? 
Porque curó a sus cojos, 
porque limpió a sus leprosos, 
porque llevó a la luz a sus ciegos, 
porque resucitó a sus muertos.

Por esto padeció...

¿Por qué, Israel, has cometido esta nueva iniquidad? 
Has deshonrado al que te había honrado, 
has despreciado al que te había estimado, 
has negado al que te había confesado, 
has rechazado al que te había llamado.
has matado al que te había dado la vida.
¿Qué has hecho, Israel?...

Cuando el Señor iba a ser sacrificado, al atardecer, 
tú preparaste para él los clavos agudos y los falsos testigos, 
las cuerdas, los azotes, el vinagre y la hiel, 
la espada y la aflicción, como para un ladrón sanguinario.
Después de haber descargado los azotes sobre su cuerpo, 
de haber puesto espinas en su cabeza, 
ataste todavía sus bellas manos 
que te habían modelado a partir de la tierra 
y diste hiel para beber a aquella boca hermosa 
que te había dado a beber la vida 
y diste muerte a tu Señor en el día de la Gran Festividad.
Y tú te regalabas mientras él sufría hambre; 
tú. bebías vino y comías pan, 
mientras él bebía vinagre y hiel; 
tú andabas con rostro radiante, 
mientras él estaba demacrado; 
tú exultabas, mientras él se afligía; 
tú cantabas, mientras él era condenado; 
tú dabas órdenes, mientras él era clavado; 
tú danzabas, mientras él era sepultado; 
tú te recostabas sobre muelle lecho, 
y él en un féretro y en un sepulcro.

Oh Israel criminal, ¿por qué has cometido esta inaudita injusticia, 
arrojando a tu Señor a sufrimientos sin nombre, 
al que es tu amo, 
al que te modeló, 
al que te creó, 
al que te honró, 
al que te llamó Israel?

Tú no te has mostrado como Israel, pues no has visto a Dios, 
no has reconocido al Señor, 
no has sabido, Israel, que éste es el primogénito de Dios, 
el que fue engendrado antes que la estrella de la mañana, 
el que hizo surgir la luz, 
el que hizo brillar el día, 
el que separó a las tinieblas, 
el que afirmó el primer borne, 
el que suspendió la tierra, 
el que secó el abismo, 
el que extendió el firmamento, 
el que puso orden en el mundo, 
el que dispuso los astros en el cielo, 
el que hizo brillar los luminares, 
el que hizo los ángeles que están en el cielo, 
el que fijó allí los tronos, 
el que modeló al hombre sobre la tierra.

Él es el que te eligió y te condujo desde Adán hasta Noé, 
desde Noé a Abraham, 
desde Abraham a Isaac y a Jacob y a los patriarcas; 
él te condujo a Egipto, y te protegió y allí te sustentó; 
él iluminó tu camino con una columna de fuego, 
y te cobijó bajo la nube, 
y dividió el mar Rojo conduciéndote a través de él, 
y dispersó a tu enemigo.
El es quien te dio el maná del cielo, 
el que te dio a beber de la piedra, 
el que te dio la ley en el Horeb, 
el que te dio en herencia la tierra (prometida), 
el que te envió a los profetas y suscitó tus reyes

Con él has sido impío, 
con él has cometido iniquidad, 
a él has dado muerte, 
con él has traficado, reclamándole los didracmas como precio de su cabeza. . .

Verdaderamente amarga es para ti esta fiesta de los ázimos, como está escrito:
«Comeréis panes ázimos con hierbas amargas.» 
Amargos son para ti los clavos que afilaste, 
amarga para ti la lengua que aguzaste, 
amargos para ti los falsos testigos que presentaste, 
amargas para ti las cuerdas que preparaste, 
amargos para ti los azotes que descargaste, 
amargo para ti Judas, a quien pagaste, 
amargo para ti Herodes, a quien obedeciste, 
amargo para ti Caifás, a quien te confiaste, 
amarga para ti la hiel que proporcionaste, 
amargo para ti el vinagre que cultivaste, 
amargas para ti las espinas que recogiste, 
amargas para ti las manos que ensangrentaste.
Has dado muerte a tu Señor en medio de Jerusalén..." (Números 58-93)
(V. El designio salvador en Cristo.)


Pero él, el Señor, vestido de hombre, 
habiendo sufrido por el que sufría, 
atado por el que estaba detenido, 
juzgado por el culpable, 
sepultado por el que estaba enterrado, 
resucitó de entre los muertos y clamó en voz alta:
¿Quién se levantará en juicio contra mí? 
Que venga a enfrentarse conmigo.
Yo he liberado al condenado.
Yo he vivificado al que estaba muerto.
Yo he resucitado al que estaba sepultado.
¿Quién puede contradecirme? 
Yo, dice, Cristo, he destruido a la muerte, 
he triunfado del enemigo,
he pisoteado el Hades, 
he maniatado al fuerte, 
he arrebatado al hombre a las alturas de los cielos.

Yo, dice él, Cristo.
Venid, pues, todas las familias de hombres manchadas por los pecados.
Recibid el perdón de los pecados.
Porque yo soy vuestro perdón, 
yo la Pascua de la salvación, 
yo el cordero degollado por vosotros, 
yo vuestra redención, 
yo vuestra vida, 
yo vuestra resurrección, 
yo vuestra luz, 
yo vuestra salvación, 
yo vuestro rey.
Yo os llevaré a las alturas de los cielos.
Yo os mostraré al Padre que existe desde los siglos.
Yo os resucitaré por medio de mi diestra.»

Tal es el alfa y la omega:
Él es el comienzo y el fin 
—comienzo inenarrable y fin incomprensible— 
él es Cristo, 
él es el Rey, 
él es Jesús, 
él es el Estratega, 
él es el Señor, 
él es el que resucitó de entre los muertos.
él es el que está sentado a la diestra del Padre.
Él lleva al Padre, y es llevado por el Padre:
A él la gloria y el poder por los siglos. Amén." (Números 100-104)
(VI. Sentido de la pascua cristiana.)


lunes, 21 de marzo de 2016

"La muerte de la oveja llegó a ser Vida del pueblo" - Melitón de Sardes

Fragmento Homilía II de Melitón de Sardes
Obispo de Sardes, +180

II. La vieja y la nueva Pascua

Voy a explicar detalladamente las palabras de la Escritura (cfr. Ex 12, 3-28): cómo Dios ordena a Moisés en Egipto, cuando quiere, de una parte someter al faraón bajo el látigo, y de otra librar a Israel del látigo por la mano de Moisés.


En efecto, dice: «He aquí que tomarás un cordero sin defecto y sin tacha y al atardecer lo inmolarás con los hijos de Israel, y a la noche lo comerás con prisa, y no romperéis ninguno de sus huesos. Así—dice—harás: en una sola noche lo comeréis por familias y por tribus, ceñidos vuestros lomos y los cayados en vuestras manos. Porque ésta es la pascua del Señor, memorial eterno para los hijos de Israel. Habiendo tomado la sangre de la oveja, untad las puertas exteriores de vuestras casas colocando sobre los montantes de la entrada la señal de la sangre para la intimidación del ángel. Porque he aquí que Yo heriré a Egipto y en una sola noche será privado de hijos, desde el ganado hasta el hombre».

Entonces Moisés, habiendo degollado la oveja y habiendo cumplido de noche el misterio con los hijos de Israel, marcó las puertas de las casas para protección del pueblo y para intimidación del ángel.

Cuando la oveja es degollada, 
y la pascua es comida, 
y el misterio es cumplido, 
y el pueblo alegrado, 
e Israel marcado, 
entonces llega el ángel para herir a Egipto. 
En una sola noche castigó a Egipto, 
no iniciado en el misterio, 
ni partícipe de la pascua, 
ni marcado por la sangre, 
ni protegido por el Espíritu, 
sino enemigo, incrédulo; 
y en una sola noche, después de herirlo, lo privó de sus hijos (...). 

Israel, en cambio, estaba protegido por la inmolación del cordero, 
y al mismo tiempo iluminado por la sangre vertida: 
y la muerte de la oveja resultaba ser una muralla para el pueblo. 

¡Oh misterio sorprendente e inexplicable! 
La inmolación del cordero resultó ser la salvación de Israel, 
la muerte de la oveja llegó a ser vida del pueblo 
y la sangre intimidó al ángel. 

Dime, ángel, lo que te ha intimidado: 
¿la inmolación del cordero, o la vida del Señor?, 
¿la muerte de la oveja o la figura del Señor?, 
¿la sangre del cordero o el Espíritu del Señor? 
Es claro que estás intimidado 
por haber visto el misterio del Señor realizado en la oveja, 
la vida del Señor en la inmolación del cordero, 
la prefiguración del Señor en la muerte de la oveja. 
Por esto no castigaste a Israel, sino que privaste de sus hijos sólo a Egipto. 

¿Cuál es este misterio inesperado: 
que Egipto haya sido golpeado para su perdición 
e Israel, en cambio, protegido para su salvación? 

Oíd la dinámica del misterio.  Lo que se ha dicho y lo que ha ocurrido no es nada, amadísimos, si se separa de su simbolismo y de su proyecto. Todo lo que se realice y se diga, participa del simbolismo—la palabra, del simbolismo; el hecho, de la prefiguración—para que, así como el hecho se manifiesta por la prefiguración, así también la palabra se ilumine por el simbolismo.