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lunes, 5 de febrero de 2018

"La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos" - Tertuliano

Tertuliano - Apologeticum #Capítulo 50 (Año 197 dC) 



"Y no sirve de nada vuestra refinada crueldad: es más bien un aicate para la comunidad. Es más. crecemos en número cada vez que nos segáis: ¡semilla es la sangre de los cristianos!"


(...) Más no han hallado tantos discípulos estas palabras como han enseñado los cristianos con sus obras. 

Aquella misma animosa fortaleza y constante tesón que nos reprocháis, se convierte en maestra. ¿A quién, pues, contemplando esta firmeza no le sacude en el pecho el corazón, y le impele a investigar qué secreto puede haber dentro de esta constancia? ¿Quién si allí le buscó no le halla? ¿Quién si lo halló no llegó? ¿Quién si llegó no desea padecer para redimir en el martirio toda la gracia de Dios, para obtener de Él un perdón total a cambio de su sangre?; que todos los pecados con el martirio se perdonan.

Por esta causa en el mismo tribunal os damos las gracias por la sentencia de muerte que recibimos. En donde la crueldad humana y la piedad divina con emulación se compiten; el juez con todo el conato de su ira nos condena, y Dios con toda su misericordia nos absuelve".

¡Mirad cómo se aman! - Tertuliano

Tertuliano - Apologeticum #Capítulo 39 (Año 197 dC) 

"Es precisamente la demostración del amor entre nosotros lo que nos atrae el odio de algunos que dicen: '¡mirad cómo se aman!', mientras ellos se odian entre sí. ¡Mirad cómo cada uno está dispuesto a morir gustosamente por el otro!, mientras ellos están dispuestos, más bien, a matarse unos a otros.

El hecho de que nos llamemos hermanos lo toman como una infamia, sólo porque entre ellos, a mi entender, todo nombre de parentesco se usa con falsedad afectada. Sin embargo, somos incluso hermanos vuestros en cuanto hijos de una misma naturaleza, aunque vosotros seáis poco hombres, pues sois tan malos hermanos. Con cuánta mayor razón se llaman y son verdaderamente hermanos los que reconocen a un único Dios como Padre, los que bebieron un mismo Espíritu de santidad; que esperan una misma herencia; los que de un mismo seno de ignorancia salieron a una misma luz de verdad (...), los que compartimos nuestras mentes y nuestras vidas, los que no vacilamos en comunicar todas las cosas.

Todas las cosas son comunes entre nosotros, excepto las mujeres: en esta sola cosa en que los demás practican tal consorcio. En esto sólo rompemos la compañía, en que solamente la guardan los gentiles, los cuales no solamente usurpan las mujeres ajenas, sino que pacientísimamente brindan con las propias a sus amigos"