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miércoles, 19 de abril de 2017

"Venid todos los que os halláis enfangados en el mal. Yo soy la Pascua de Salvación" - Melitón de Sardes

Melitón de Sardes - Homilía sobre la Pascua 2-7. 100-103


"El Señor, siendo Dios, se revistió de la naturaleza de hombre:
sufrió por el que sufría,
fue encarcelado en bien del que estaba cautivo,
juzgado en lugar del culpable,
sepultado por el que yacía en el sepulcro.

Y resucitando de entre los muertos, exclamó con voz potente:
¿Quién tiene algo contra mí? ¡Que se me acerque!

Yo soy –dice– quien he librado al condenado,
yo quien he vivificado al muerto,
yo quien hice salir de la tumba al que ya estaba sepultado.

¿Quién peleará contra mí?

Yo soy –dice– Cristo; el que venció la muerte,
encadenó al enemigo,
pisoteó el infierno,
maniató al fuerte,
llevó al hombre hasta lo más alto de los cielos;

yo, en efecto, que soy Cristo.

Venid, pues, vosotros todos, los hombres que os halláis enfangados en el mal,
recibid el perdón de vuestros pecados.

Porque yo soy vuestro perdón,
soy la Pascua de salvación,
soy el cordero degollado por vosotros,
soy vuestra agua lustral,
vuestra vida,
vuestra resurrección,
vuestra luz,
vuestra salvación
y vuestro rey.

Puedo llevaros hasta la cumbre de los cielos,
os resucitaré,
os mostraré al Padre celestial,
os haré resucitar con el poder de mi diestra"

lunes, 24 de octubre de 2016

¿Por qué lloras Madre mía? - San Romano el Meloda

¿POR QUÉ LLORAS MADRE MÍA?

San Romano el Melódico
Himno 25, María en el camino de la cruz

«Y a ti misma, una espada te traspasará el corazón» (Lc 2,35).

Oveja contemplando a su cordero que es llevado al matadero (Is 53,7), consumida de dolor; le seguía, con las demás mujeres, clamando así: «¿Adónde vas, hijo mío? ¿Por qué acabas de esta manera tu corta vida (Sal 18,6)?

Todavía hay, en Caná, otras bodas, ¿es allí que tú vas ahora, tan rápidamente para hacer, de nuevo, vino del agua? ¿Te puedo acompañar, hijo mío, o es mejor que espere? Dime una palabra, Verbo, no pases delante de mí en silencio…, tú, que eres mi hijo y mi Dios…»
Tú vas hacia una muerte injusta y nadie comparte tu sufrimiento. Pedro no te acompaña ahora, él que decía: «Aunque tuviera que morir, yo jamás te negaré» (Mt 26,35). Te ha abandonado ese Tomás que exclamaba: «Muramos con él» (Jn 11,6). Y también los demás, los íntimos, ellos que han de juzgar a las doce tribus (Mt 19,28), ¿dónde están, ahora? No ha quedado ninguno; y tú, completamente solo, hijo mío, mueres por todos. Es tu salario por haber salvado a todos los hombres y haberles servido, hijo mío y Dios mío.
Girándose hacia María, aquél que salió de ella, exclamó: «¿Por qué lloras, madre?… Yo, ¿no sufrir? ¿no morir? ¿Cómo podría salvar a Adán? ¿Dejar de habitar el sepulcro? ¿Cómo devolvería la vida a los que permanecen en el país de los muertos? ¿Por qué lloras? Mejor que grites: ‘Él sufre voluntariamente, mi hijo y mi Dios’. Virgen sensata, no te vuelvas semejante a las insensatas (Mt 25,1s); tú estás dentro de la sala de bodas, no reacciones, pues, como si estuvieras fuera… No llores más, pues es mejor que digas: ‘Ten piedad de Adán, sé misericordioso con Eva, tú, mi hijo y mi Dios.’
Ten la seguridad, madre, que tú serás la primera en verme salir del sepulcro. Vendré a mostrarte de qué males he rescatado a Adán, qué de sudores he derramado por él. A mis amigos les revelaré el sentido de las señales que verán en mis manos. Entonces, tú verás a Eva como en otros tiempos.


lunes, 28 de marzo de 2016

¡Reina del cielo, alégrate, aleluya!

Durante el tiempo pascual, los cristianos nos unimos en la oración del Regina Coeli (o Reina del Cielo) junto a María, madre de Jesús y Madre nuestra, llenos de jozo y de alegría, por ver el cumplimiento de las promesas en la Resurrección de su Hijo Jesucristo, Nuestro Señor.

El rezo del Regina Coeli fue establecida por el Papa Benedicto XIV en 1742 y reemplaza durante el tiempo pascual al rezo del Ángelus cuya meditación se centra en el misterio de la Encarnación.

Se desconoce el autor de esta composición litúrgica que se remonta al siglo XII y era repetido por los Frailes menores Franciscanos después de las completas en la primera mitad del siguiente siglo popularizándola y extendiéndose por todo el mundo cristiano.

La oración en latín:

V/ Regina caeli, laetare, alleluia.
R/ Quia quem meruisti portare, alleluia.

V/ Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
R/ Ora pro nobis Deum, alleluia.

V/ Gaude et laetare Virgo María, alleluia.
R/ Quia surrexit Dominus vere, alleluia.

Oremus: Deus, qui per resurrectionem Filii tui, Domini nostri Iesu Christi, mundum laetificare dignatus es: Praesta, quaesumus; ut, per eius Genetricem Virginem Mariam, perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eundem Christum Dominum nostrum. Amen.


La oración en español:

V/ Reina del cielo, alégrate, aleluya.
R/ Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.

V/ Ha resucitado según su palabra, aleluya.
R/ Ruega al Señor por nosotros, aleluya.

V/  Goza y alégrate Virgen María, aleluya.
R/ Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.

Oremos: Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.