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miércoles, 22 de junio de 2016

"Dame, Señor, un poco de sol, algo de trabajo y un poco de alegría..." - Santo Tomás Moro

"DAME SEÑOR"
SANTO TOMÁS MORO* (1478-1535)



 
Dame, Señor, un poco de sol,
algo de trabajo y un poco de alegría.

Dame el pan de cada día, un poco de mantequilla, una buena digestión y algo para digerir.

Dame una manera de ser que ignore el aburrimiento, los lamentos y los suspiros.

No permitas que me preocupe demasiado
por esta cosa embarazosa que soy yo.

Dame, Señor, la dosis de humor suficiente
como para encontrar la felicidad en esta vida
y ser provechoso para los demás.

Que siempre haya en mis labios una canción,
una poesía o una historia para distraerme.

Enséñame a comprender los sufrimientos
y a no ver en ellos una maldición.

Concédeme tener buen sentido,
pues tengo mucha necesidad de él.

Señor, concédeme la gracia,
en este momento supremo de miedo y angustia,
de recurrir al gran miedo
y a la asombrosa angustia
que tú experimentaste en el Monte de los Olivos
antes de tu pasión.

Haz que a fuerza de meditar tu agonía,
reciba el consuelo espiritual necesario
para provecho de mi alma.

Concédeme, Señor, un espíritu abandonado, sosegado, apacible, caritativo, benévolo, dulce y compasivo.

Que en todas mis acciones, palabras y pensamientos experimente el gusto de tu Espíritu Santo y bendito.

Dame, Señor, una fe plena,
una esperanza firme y una ardiente caridad.

Que yo no ame a nadie contra tu voluntad,
sino a todas las cosas en función de tu querer.

Rodéame de tu amor y de tu favor.


---
* Santo Tomás Moro (Thomas More) nació en Londres el 7 de febrero de 1478 y falleció el 6 de julio de 1535. De vasta cultura clásica se graduó en leyes. Contrajo matrimonio dos veces. Su brillante carrera culminó en 1529 cuando fue nombrado Canciller por Enrique VIII. Pero su oposición al divorcio del rey le obligó a renunciar al mismo tres años más tarde. Su firme rechazo a reconocer la supremacia espiritual del rey sobre el papa le condujo finalmente a la prisión en la Torre de Londres. Finalmente el 6 de julio de 1535 fue decapitado. Su fiesta se celebra el 22 de junio. Su ejemplo de político insobornable mereció que el 31 de octubre de 2000 fuera proclamado por Juan Pablo II, mediante carta apóstólica, como patrón de los gobernantes y políticos. En la Enciclopedia Católica en español puede leerse una biografía más detallada de este santo.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Dios se ha enamorado de nuestras miserias - Papa Francisco

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Jueves, 10 de diciembre de 2015

En la primera lectura —tomada del libro de Isaías (41,13-20)— acabamos de leer una especie de monólogo del Señor donde se comprende QUE DIOS ELIGIÓ A SU PUEBLO NO PORQUE FUESE GRANDE O PODEROSO, SINO PORQUE ERA EL MÁS PEQUEÑO DE TODOS, EL MÁS MISERABLE DE TODOS.

DIOS SE ENAMORÓ DE ESA MISERIA, SE ENAMORÓ PRECISAMENTE DE ESA PEQUEÑEZ. Y en ese monólogo de Dios con su pueblo, SE VE ESE AMOR, UN AMOR TIERNO, UN AMOR COMO EL DEL PADRE O DE LA MADRE, CUANDO HABLA CON EL HIJO QUE SE DESPIERTA DE NOCHE ASUSTADO POR UN SUEÑO. Y LO TRANQUILIZA: Te agarro de la diestra, no temas, yo mismo te auxilio (Is 41,13). Todos conocemos las caricias de los padres y de las madres cuando los niños están inquietos por un susto: NO TEMAS, YO ESTOY AQUÍ; YO ESTOY  ENAMORADO DE TU PEQUEÑEZ; ME HE ENAMORADO DE TU PEQUEÑEZ, DE TU NADA. INCLUSO: NO TEMAS POR TUS PECADOS, ¡TE QUIERO TANTO!; YO ESTOY AQUÍ PARA PERDONARTE. ESA ES LA MISERICORDIA DE DIOS.

Había un santo que hacía muchas penitencias, pero el Señor siempre le pedía más, hasta que un día le dijo que ya no le quedaba nada más que darle, y Dios le respondió: DAME TUS PECADOS.

EL SEÑOR QUIERE CARGAR SOBRE SÍ NUESTRAS DEBILIDADES, NUESTROS PECADOS, NUESTROS CANSANCIOS. Cuántas veces Jesús nos hace sentir eso y luego: VENID A MÍ TODOS LOS QUE ESTÁIS CANSADOS Y AGOBIADOS, Y YO OS ALIVIARÉ (Mt 11, 28), como leímos en el evangelio de ayer. Yo soy el Señor tu Dios que te tengo de la diestra, no temas pequeño, NO TEMAS. YO TE DARÉ FUERZA. DAME TODO Y YO TE PERDONARÉ, TE DARÉ PAZ. 

Esas son las caricias de Dios, esas son las caricias de nuestro Padre, cuando se expresa con su misericordia. Nosotros nos ponemos tan nerviosos cuando una cosa no va bien, somos impacientes… En cambio Él: Estate tranquilo; HAS METIDO LA PATA, SÍ, PERO QUÉDATE TRANQUILO; NO TEMAS, YO TE PERDONO. Eso es lo que significa lo que hemos repetido en el Salmo: El Señor es clemente y misericordioso (Sal 144).

NOSOTROS SOMOS PEQUEÑOS. ÉL NOS HA DADO TODO. SOLO NOS PIDE NUESTRAS MISERIAS, NUESTRAS PEQUEÑECES, NUESTROS PECADOS, PARA ABRAZARNOS, PARA ACARICIARNOS.

PIDAMOS AL SEÑOR QUE DESPIERTE EN CADA UNO DE NOSOTROS, y en todo el pueblo, LA FE EN ESA PATERNIDAD, EN ESA MISERICORDIA, EN SU CORAZÓN. Y que esa fe en su paternidad y en su misericordia nos haga un poco más misericordiosos con los demás.


lunes, 30 de noviembre de 2015

Nada te turbe, nada te espante - Santa Teresa de Jesús

NADA TE TURBE, NADA TE ESPANTE
Santa Teresa de Jesús



Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.

Eleva el pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
Nada te turbe.

A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y, venga lo que venga,
Nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
Todo se pasa.

Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.

Ámala cual merece
Bondad inmensa;
pero no hay amor fino
Sin la paciencia.

Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
Todo lo alcanza.

Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
Quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo;
id, dichas vanas,
aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

-"Adán, ¿dónde estás?" - "Fue la llave de otro la que abrió mi corazón..."

Hagadot sobre el Génesis 3 - Daniel Lifschitz:


Al principio, Dios se abstuvo de hacerles reproches. Quedándose a la puerta del Paraíso, sólo pregunto: "Adán, ¿DÓNDE ESTÁS?"

...

A pesar de que el Señor conocía bien la situación de Adán, comenzó su discurso, a propósito, con una pregunta, para facilitarle a Adán el reconocimiento de su culpa.

"¿Cómo es posible un cambio tan drástico? Hace poco te comportabas según mi voluntad y ahora obedeces a la serpiente; hace poco dominabas el mundo y ahora tienes que esconderte entre los árboles del jardín".

Esto se puede comparar a la historia de un mercader, que tenía que pasar el sábado en una posada y llevaba consigo un cofre en el que conservaba todos sus haberes. No queriendo llevar consigo la llave del cofre (ya que temía profanar el sábado) decidió dejarla dentro, y llamar después de la fiesta a algún artesano para que le abriera la cerradura. El posadero, que era poco honrado y deseaba los tesoros del mercader, descubrió entre sus llaves una que abría la cerradura. Abrió el cofre y robó todo su contenido. Cuando, pasado el sábado, el artesano fue a abrir el cofre, la sorpresa del mercader fue grande al verlo vacío, con su llave dentro. "Puesto que la llave estaba dentro ¿cómo ha sido abierto el cofre?" se preguntó.

Lo mismo preguntaba el Santo, bendito sea, a Adán: "Puesto que, tal como te había creado, no conocías las pasiones, ni el deseo (pasión por el todo) del fruto del árbol de la ciencia que te había prohibido, ¿cómo es que tu corazón se ha abierto al deseo?" Y Adán respondió: "Fue la llave de otro la que abrió mi corazón"...

Dios utilizó la expresión "Dónde estás" para despertar en adán la conversión, dándoles a entender cuán bajo había caído. La palabra "ayeka" (dónde estás) se puede también puntear y leer "aika", que es un grito de dolor. Dios exclamó: "Ay de mí, ¿cómo es que has caído?". Él experimentó un gran dolor por la caída de Adán.


El Señor le preguntó: "¿Por qué, de modo tan impensado, temes mi voz?"
"Señor del Universo, respondió Adán, me he dado cuenta de que tu Shekiná se ha alejado del Paraíso. ¡Me siento desnudo, despojado del único mandamiento que me has dado, y por eso me he escondido!
Añadió el Señor: "¿Acaso tratas de esconderte en un lugar tan secreto que yo no lo descubra?"
El Señor siguió interrogando a Adán, con la esperanza de que confesase su pecado para poder perdonarle. Le preguntó: "¿Acaso has comido del árbol que te prohibí comer?"...

... Adán no confesó su culpa, sino que respondió: "La mujer que me diste como compañera, me dio del árbol y comí"

martes, 4 de agosto de 2015

«¡Animo!, que soy yo; no temáis.» «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.»

San Mateo 14, 22-36
 
22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.
24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario.
25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar.
26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar.
27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis.»
28 Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.»
29 «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús.
30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!»
31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»
32 Subieron a la barca y amainó el viento.
33 Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios.»
34 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret.
35 Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos.
36 Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.


Mientras Pedro creyó, anduvo con paso firme sobre las aguas; pero cuando dudó, comenzó a hundirse (14,30). Al alejarse y disminuir poco a poco la fe, era arrastrado hacia el fondo. Cuando Jesús se dio cuenta de la dificultad, él, que es capaz de curar las aflicciones íntimas del alma, exclamó: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (14,31). Y con la fuerza de él, que le cogió la mano derecha, con lo que recobró la fe, llevado de esta mano por el Señor, continuó como antes andando sobre las aguas. Indirectamente habla de esto último el Evangelio cuando señala: «Subieron a la barca...» (14,32). No dice que Pedro subiera después de nadar, sino que nos insinúa que el espacio que recorrió hasta Jesús lo hizo andando y, tras recorrerlo de nuevo, subió a la barca.
San Cirilo de Jerusalén - Catequesis V - La FE



En el mar de la vida y de la historia, María resplandece como Estrella de esperanza. No brilla con luz propia, sino que refleja la de Cristo, Sol que apareció en el horizonte de la humanidad; de este modo, siguiendo la Estrella de María, podemos orientarnos durante el viaje y mantener la ruta hacia Cristo, especialmente en los momentos oscuros y tempestuosos.

El apóstol Pedro conoció bien esta experiencia, pues la vivió personalmente. Una noche, mientras con los demás discípulos estaba atravesando el lago de Galilea, se vio sorprendido por una tempestad. Su barca, a merced de las olas, ya no lograba avanzar. Jesús se acercó en ese momento caminando sobre las aguas, e invitó a Pedro a bajar de la barca y a caminar hacia él. Pedro dio algunos pasos entre las olas, pero luego comenzó a hundirse y entonces gritó: "Señor, ¡sálvame!"


En más de una ocasión a cada uno de nosotros quizá le ha sucedido lo que a Pedro, cuando al caminar sobre las aguas dirigiéndose hacia el Señor de repente se dio cuenta de que el agua no le sostenía y de que estaba a punto de hundirse. Y como Pedro hemos gritado: «Señor, ¡sálvame!» (Mateo, 14, 30). Al ver la furia de los elementos, ¿cómo podíamos atravesar las aguas estruendosas y Pero, entonces, hemos dirigido la mirada hacia él… y él nos ha tomado de la mano y nos ha dado un nuevo «peso específico»: la levedad que se deriva de la fe y que nos eleva hacia lo alto. Y después nos da la mano que nos sostiene y nos lleva. Él nos sostiene. Volvamos a dirigir siempre nuestra mirada hacia él y démosle la mano. Dejemos que su mano nos tome, y entonces no nos hundiremos, sino que nos pondremos al servicio de la vida, que es más fuerte que la muerte, y del amor que es más fuerte que el odio. La fe en Jesús, Hijo del Dios vivo, es el medio por el que volvemos a dar la mano a Jesús y por el que nos toma de la mano y nos guía. Una de mis oraciones preferidas es la petición que la liturgia pone en nuestros labios antes de la Comunión: «… no permitas que me separe de ti». Pidámosle que no caigamos nunca fuera de la comunión de su Cuerpo, de la comunión con el mismo Cristo, que no caigamos nunca fuera de su misterio eucarístico. Pidámosle que no deje de llevarnos de la mano…



Este pasaje evangélico entraña un profundo contenido. Atañe al problema más importante de la vida humana: la fe en Jesucristo. 


Pedro ciertamente tenía fe, como demostró más tarde, de modo magnífico, en las cercanías de Cesarea de Filipo, pero en ese momento su fe aún no era muy firme. Cuando comenzó a soplar más fuerte el viento, Pedro comenzó a hundirse, pues había dudado. No fue el viento el que hizo hundirse a Pedro en el lago, sino su falta de fe. A la fe de Pedro le faltó un elemento esencial: abandonarse plenamente a Cristo, confiar totalmente en él en el momento de la gran prueba; le faltó la esperanza sin reservas en él. La fe y la esperanza, junto con la caridad, constituyen el fundamento de la vida cristiana, cuya piedra angular es Jesucristo.
...
La fe en Cristo y la esperanza de la que él es maestro permiten al hombre alcanzar la victoria sobre sí mismo, sobre todo lo que hay en él de débil y pecaminoso, y al mismo tiempo esta fe y esta esperanza lo llevan a la victoria sobre el mal y sobre los efectos del pecado en el mundo que lo rodea.

Cristo libró a Pedro del miedo que se había apoderado de él ante el mar en tempestad. Cristo también nos ayuda a nosotros a superar los momentos difíciles de la vida, si nos dirigimos a él con fe y esperanza para pedirle ayuda. «¡Ánimo!, soy yo; no temáis» (Mt 14, 27).

Una fe fuerte, de la que brota una esperanza ilimitada, virtud tan necesaria hoy, libra al hombre del miedo y le da la fuerza espiritual para resistir a todas las tempestades de la vida. ¡No tengáis miedo de Cristo! Fiaos de él hasta el fondo. Sólo él «tiene palabras de vida eterna». Cristo no defrauda jamás.
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Dirijamos, una vez más, la mirada hacia el lago de Genesaret, por el que navega la barca de Pedro. El lago evoca la imagen del mundo, también la del mundo contemporáneo, en el que vivimos y en el que la Iglesia cumple su misión. Este mundo constituye un desafío para el hombre, como el lago constituyó un desafío para Pedro. Por una parte, era para él algo cercano y conocido como lugar de su trabajo diario de pescador; pero, por otra, era el elemento natural con el que debía confrontar sus fuerzas y su experiencia.
...
Es verdad que a veces el mundo puede constituir una amenaza; pero un hombre que vive de fe y esperanza tiene en sí la fuerza del Espíritu para afrontar los peligros de este mundo. Pedro caminó sobre las aguas del lago, aunque ese hecho iba contra la ley de la gravedad, porque miraba a Cristo a los ojos. Cuando dudó, cuando perdió el contacto personal con el Maestro, comenzó a hundirse y escuchó el reproche: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? » (Mt 14, 31).

El ejemplo de Pedro nos enseña la importancia que tiene en la vida espiritual la relación personal con Cristo: es preciso renovarla y profundizarla constantemente. ¿Cómo? Sobre todo con la oración. Orad y aprended a orar; leed y meditad la palabra de Dios; consolidad vuestra relación con Cristo en los sacramentos de la penitencia y la Eucaristía...
...
Este mundo, que a veces parece una realidad invencible y amenazadora, un mar en tempestad, al mismo tiempo tiene profunda sed de Cristo, tiene gran sed de la buena nueva. Tiene gran necesidad de amor.

Sed, en este mundo, portadores de fe y esperanza cristiana, viviendo el amor cada día. Sed testigos fieles de Cristo resucitado; no deis nunca marcha atrás ante los obstáculos que se acumulen en los caminos de vuestra vida. 




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