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lunes, 30 de noviembre de 2015

Nada te turbe, nada te espante - Santa Teresa de Jesús

NADA TE TURBE, NADA TE ESPANTE
Santa Teresa de Jesús



Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.

Eleva el pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
Nada te turbe.

A Jesucristo sigue
con pecho grande,
y, venga lo que venga,
Nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
Todo se pasa.

Aspira a lo celeste,
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.

Ámala cual merece
Bondad inmensa;
pero no hay amor fino
Sin la paciencia.

Confianza y fe viva
mantenga el alma,
que quien cree y espera
Todo lo alcanza.

Del infierno acosado
aunque se viere,
burlará sus furores
Quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo;
id, dichas vanas,
aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.

Vivo sin vivir en mí - Santa Teresa de Jesús

MUERO PORQUE NO MUERO
Santa Teresa de Jesús



Vivo sin vivir en mí
Y tan alta vida espero
Que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí
Después que muero de amor,
Porque vivo en el Señor
Que me quiso para Sí.
Cuando el corazón le di
Puso en él este letrero:
Que muero porque no muero.

Esta divina prisión
Del amor con que yo vivo
Ha hecho a Dios mi cautivo
Y libre mi corazón;
Y causa en mí tal pasión
Ver a Dios mi prisionero,
Que muero porque no muero.

¡Ay, que larga es esta vida,
Qué duros estos destierros,
Esta cárcel y estos hierros
En que el alma esta metida!
Sólo esperar la salida
Me causa dolor tan fiero,
Que muero porque no muero.

iAy, que vida tan amarga
Do no se goza el Señor! 
Porque si es dulce el amor,
No lo es la esperanza larga: 
Quíteme Dios esta carga
Más pesada que el acero,
Que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
Vivo de que he de morir,
Porque muriendo el vivir
Me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
No te tardes, que te espero,
Que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
Vida, no me seas molesta,
Mira que sólo te resta,
Para ganarte, perderte;
Venga ya la dulce muerte,
Venga el morir muy ligero,
Que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
Que es la vida verdadera,
Hasta que esta vida muera
No se goza estando viva.
Muerte, no seas esquiva;
Viva muriendo primero,
Que muero porque no muero.

Vida, ¿que puedo yo darle
A mi Dios que vive en mí,
Si no es perderte a ti
Para mejor a El gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
Pues a El solo es al que quiero.
Que muero porque no muero.

lunes, 20 de julio de 2015

Espera en Dios - San Agustín


"Eres rico en misericordia con todos los que te invocan" (Salm 85,9).


No digas: "El Señor No me concedió esto o aquello". Entra en tu conciencia; examínala, interrógala, no la perdones. Si en verdad invocaste a Dios, estate seguro de que cuanto le pedías para esta vida temporal no te lo concedió porque no te iba a ser de provecho.

Edifíquese sobre esto vuestro corazón, hermanos, el corazón cristiano, el corazón fiel.

No comencéis a poneros tristes como si hubierais sido defraudados en vuestros deseos, ni os indignéis contra Dios. No os conviene "dar coces contra el aguijón" (Hch 9, 5).

Escrutad las Escrituras. ¡Fue escuchado el diablo y no el apóstol! ¿Qué os parece? ¿En que modo son escuchados los demonios ? Pidieron entrar en los puercos y se les concedió (Mt 8, 31-32). ¿Cuando fue escuchado el diablo? Pidió tentar a Job y se le concedió (Job 1, 11-12; 2, 5-6). ¡En qué momento no fue escuchado el Apóstol? Dice él: "Para que no me ensoberbeciese con la excelencia de mis revelaciones, se me dio el aguijón de la carne, el ángel de Satanás, para que me abofetee: por lo cual rogué tres veces al Señor que me lo quitase, y me respondió: 'Te basta mi gracia, pues la virtud llega a su perfección en la debilidad' (2 Cor 12, 7-9). Escuchó a aquel a quien se disponía a condenar y no escuchó a aquel a quien quería sanar.

En efecto, también el enfermo pide muchas cosas al médico, pero no se las da. No atiende a su deseo para atender a su voluntad de curar. Considera a Dios como tu médico, pídele la salud y la salud será Él mismo. No una salud distinta de él, sino que la salud es Él mismo.

Por tu parte no ames otra cosa fuera de Él mismo; antes bien, di lo que hallas en el salmo: "Di a mi alma: 'Yo soy tu salud'"(Sal 34,3) ¿Quieres que se te de Él mismo? ¿Y si para darse él a ti, no quiere que tengas lo que tu quieres tener? Él elimina los obstáculos para entrar en ti.

Sermones de San Agustín

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