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jueves, 25 de agosto de 2016

La Iglesia y la "Ideología de Género"

Congregación para la Educación Católica sobre la ideología de género "Varón y mujer los creó", en 2019:


“La verdad del amor humano”. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar. CEE en 2012:

Papa Francisco a la Pontificia academia para la Vida, en 2017:
#3: "La reciente hipótesis de reapertura del camino para la dignidad de la persona neutralizando radicalmente la diferencia sexual y por lo tanto el acuerdo del hombre y la mujer no es justa. En vez de combatir las interpretaciones negativas de la diferencia sexual, que mortifican su valencia irreductible para la dignidad humana, se quiere cancelar, de hecho, esta diferencia, proponiendo técnicas y prácticas que hacen que sea irrelevante para el desarrollo de la persona y de las relaciones humanas. Pero la utopía de lo «neutro» elimina, al mismo tiempo, tanto la dignidad humana de la constitución sexualmente diferente como la cualidad personal de la transmisión generativa de la vida. La manipulación biológica y psíquica de la diferencia sexual, que la tecnología biomédica deja entrever como plenamente disponible para la elección de la libertad —¡mientras no lo es!— corre el riesgo de desmantelar así la fuente de energía que nutre la alianza del hombre y la mujer y la hace creativa y fecunda... Es necesario responder al desafío planteado por la intimidación ejercida contra la generación de la vida humana, como si fuera la mortificación de la mujer y una amenaza para el bienestar colectivo. La alianza generativa del hombre y la mujer es una garantía para el humanismo planetario de los hombres y de las mujeres, no un obstáculo. Nuestra historia no será renovada si rechazamos esta verdad."


Papa Francisco "Amoris Laetitia" en 2016:
#34:"Hoy es fácil confundir la genuina libertad con la idea de que cada uno juzga como le parece, como si más allá de los individuos no hubiera verdades, valores, principios que nos orienten, como si todo fuera igual y cualquier cosa debiera permitirse. En ese contexto, el ideal matrimonial, con un compromiso de exclusividad y de estabilidad, termina siendo arrasado por las conveniencias circunstanciales o por los caprichos de la sensibilidad."

#56:"Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo». Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños..."... "Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada"

#285. La educación sexual debería incluir también el respeto y la valoración de la diferencia, que muestra a cada uno la posibilidad de superar el encierro en los propios límites para abrirse a la aceptación del otro. Más allá de las comprensibles dificultades que cada uno pueda vivir, hay que ayudar a aceptar el propio cuerpo tal como ha sido creado, porque «una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación [...] También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente». Sólo perdiéndole el miedo a la diferencia, uno puede terminar de liberarse de la inmanencia del propio ser y del embeleso por sí mismo. La educación sexual debe ayudar a aceptar el propio cuerpo, de manera que la persona no pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma».

Papa Francisco "Audiencia general abril 2015":
"Yo me pregunto si la así llamada teoría del 'gender' no sea también expresión de una frustración y de una resignación, orientada a cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma. Sí, corremos el riesgo de dar un paso hacia atrás. La remoción de la diferencia, en efecto, es el problema, no la solución"...

"Dios ha confiado la tierra a la alianza del hombre y la mujer: su fracaso aridece el mundo de los afectos y oscurece el cielo de la esperanza. Las señales ya son preocupantes, y las vemos. 



Papa Francisco "Audiencia general marzo 2015":
"La crisis de la familia es una realidad social. Luego están las colonizaciones ideológicas sobre las familias, modalidad y propuestas que existen en Europa y vienen incluso de más allá del oceáno. Luego ese error de la mente humana que es la teoría del gender, que crea tanta confusión. Así la familia se ve atacada. ¿Qué se puede hacer con la secularización en acción? ¿Cómo proceder con estas colonizaciones ideológicas? ¿Qué se puede hacer con una cultura que no considera a la familia...?"

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/march/documents/papa-francesco_20150321_napoli-pompei-giovani.html

Papa Francisco a la Delegación de la Oficina Internacional Católica de la infancia, en 2014:

"Es preciso reafirmar el derecho de los niños a crecer en una familia, con un padre y una madre capaces de crear un ambiente idóneo para su desarrollo y su madurez afectiva. Seguir madurando en relación, en confrontación, con lo que es la masculinidad y la feminidad de un padre y una madre, y así armando su madurez afectiva. Esto comporta al mismo tiempo apoyar el derecho de los padres a la educación moral y religiosa de sus hijos. Y en este punto quisiera manifestar mi rechazo a todo tipo de experimentación educativa con los chicos. Con los niños y jóvenes no se puede experimentar. No son cobayas de laboratorio. Los horrores de la manipulación educativa que hemos vivido en las grandes dictaduras genocidas del siglo XX no han desparecido; conservan su actualidad bajo ropajes diversos y propuestas que, con pretensión de modernidad, fuerzan a caminar a niños y jóvenes por el camino dictatorial del “pensamiento único”. Me decía hace poco más de una semana un gran educador: “A veces uno no sabe si con estos proyectos —se refería a proyectos concretos de educación— manda el chico a la escuela o a un campo de reeducación."

https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2014/april/documents/papa-francesco_20140411_ufficio-cattolico-infanzia.html

Papa Francisco en 2014:
“Herodes modernos que destruyen, que traman proyectos de muerte, que desfiguran el rostro el hombre y e la mujer, destruyendo la creación”....“Pensemos en las armas nucleares, en la posibilidad de aniquilar en algunos instantes un número elevado de seres humanos. Pensemos también en la manipulación genética, en la manipulación de la vida, o en la ideología de género, que no reconoce el orden de la creación”. “Con ésta actitud, el hombre comete un nuevo pecado, aquel pecado contra Dios Creador… Dios colocó al hombre y a la mujer en la cima de la creación y les confió la tierra… el proyecto del Creador está inscrito en la naturaleza”.

Octubre de 2014.  Libro Papa Francesco: questa economia uccide


Joseph Ratzinger en 2004, carta sobre la colaboración del hombre y de la mujer en la Iglesia y en el mundo:

#2-4: "Una segunda tendencia emerge como consecuencia de la primera. Para evitar cualquier supremacía de uno u otro sexo, se tiende a cancelar las diferencias, consideradas como simple efecto de un condicionamiento histórico-cultural. En esta nivelación, la diferencia corpórea, llamada sexo, se minimiza, mientras la dimensión estrictamente cultural, llamada género, queda subrayada al máximo y considerada primaria. El obscurecerse de la diferencia o dualidad de los sexos produce enormes consecuencias de diverso orden. Esta antropología, que pretendía favorecer perspectivas igualitarias para la mujer, liberándola de todo determinismo biológico, ha inspirado de hecho ideologías que promueven, por ejemplo, el cuestionamiento de la familia a causa de su índole natural bi-parental, esto es, compuesta de padre y madre, la equiparación de la homosexualidad a la heterosexualidad y un modelo nuevo de sexualidad polimorfa. 3. Aunque la raíz inmediata de dicha tendencia se coloca en el contexto de la cuestión femenina, su más profunda motivación debe buscarse en el tentativo de la persona humana de liberarse de sus condicionamientos biológicos.2 Según esta perspectiva antropológica, la naturaleza humana no lleva en sí misma características que se impondrían de manera absoluta: toda persona podría o debería configurarse según sus propios deseos, ya que sería libre de toda predeterminación vinculada a su constitución esencial. Esta perspectiva tiene múltiples consecuencias. Ante todo, se refuerza la idea de que la liberación de la mujer exige una crítica a las Sagradas Escrituras, que transmitirían una concepción patriarcal de Dios, alimentada por una cultura esencialmente machista. En segundo lugar, tal tendencia consideraría sin importancia e irrelevante el hecho de que el Hijo Dios haya asumido la naturaleza humana en su forma masculina. 4. Ante estas corrientes de pensamiento, la Iglesia, iluminada por la fe en Jesucristo, habla en cambio de colaboración activa entre el hombre y la mujer, precisamente en el reconocimiento de la diferencia misma. Para comprender mejor el fundamento, sentido y consecuencias de esta respuesta, conviene volver, aunque sea brevemente, a las Sagradas Escrituras, —ricas también en sabiduría humana— en las que la misma se ha manifestado progresivamente, gracias a la intervención de Dios en favor de la humanidad." 



"Familia, matrimonio y uniones de hecho" - Pontificio Consejo Para la Familia, en el 2000:
#8: Dentro de un proceso que podría denominarse, de gradual desestructuración cultural y humana de la institución matrimonial, no debe ser minusvalorada la difusión de cierta ideología de «gender». Ser hombre o mujer no estaría determinado fundamentalmente por el sexo, sino por la cultura. Con ello se atacan las mismas bases de la familia y de las relaciones inter-personales. Es preciso hacer algunas consideraciones al respecto, debido a la importancia de tal ideología en la cultura contemporánea, y su influjo en el fenómeno de las uniones de hecho. En la dinámica integrativa de la personalidad humana un factor muy importante es el de la identidad. La persona adquiere progresivamente durante la infancia y la adolescencia conciencia de ser «sí mismo», adquiere conciencia de su identidad. Esta conciencia de la propia identidad se integra en un proceso de reconocimiento del propio ser y, consiguientemente, de la dimensión sexual del propio ser. Es por tanto conciencia de identidad y diferencia. Los expertos suelen distinguir entre identidad sexual (es decir, conciencia de identidad psico-biológica del propio sexo, y de diferencia respecto al otro sexo) e identidad genérica (es decir, conciencia de identidad psico-social y cultural del papel que las personas de un determinado sexo desempeñan en la sociedad). En un correcto y armónico proceso de integración, la identidad sexual y genérica se complementan, puesto que las personas viven en sociedad de acuerdo con los aspectos culturales correspondientes a su propio sexo. La categoría de identidad genérica sexual («gender») es, por tanto, de orden psico-social y cultural. Es correspondiente y armónica con la identidad sexual, de orden psico-biológico, cuando la integración de la personalidad se realiza como reconocimiento de la plenitud de la verdad interior de la persona, unidad de alma y cuerpo. Ahora bien, a partir de la década 1960-1970, ciertas teorías (que hoy suelen ser calificadas por los expertos como «construccionistas»), sostienen no sólo que la identidad genérica sexual («gender») sea el producto de una interacción entre la comunidad y el individuo, sino incluso que dicha identidad genérica sería independiente de la identidad sexual personal, es decir, que los géneros masculino y femenino de la sociedad serían el producto exclusivo de factores sociales, sin relación con verdad ninguna de la dimensión sexual de la persona. De este modo, cualquier actitud sexual resultaría justificable, incluída la homosexualidad, y es la sociedad la que debería cambiar para incluir, junto al masculino y el femenino, otros géneros, en el modo de configurar la vida social[6], La ideología de «gender» ha encontrado en la antropología individualista del neo-liberalismo radical un ambiente favorable[7]. La reivindicación de un estatuto similar, tanto para el matrimonio como para las uniones de hecho (incluso homosexuales) suele hoy día tratar de justificarse en base a categorías y términos procedentes de la ideología de «gender»[8]. Así existe una cierta tendencia a designar como «familia» todo tipo de uniones consensuales, ignorando de este modo la natural inclinación de la libertad humana a la donación recíproca, y sus características esenciales, que son la base de ese bien común de la humanidad que es la institución matrimonial."
*[6]Diversas teorías construccionistas sostienen hoy día concepciones diferentes sobre el modo en que la sociedad tendría -según ellos sostienen- que cambiar adaptándose a los distintos «gender» (piénsese, por ejemplo, en la educación, la sanidad, etc.). Algunos sostienen tres géneros, otros cinco, otros siete, otros un número distinto según diversas consideraciones.
[7]Tanto el marxismo como el estructuralismo han contribuido en diferente medida a la consolidación de esta ideología de «gender», que ha sufrido diferentes influjos, tales como la «revolución sexual», con postulados como los representados por W. Reich (1897-1957) respecto a la llamada a una «liberación» de cualquier disciplina sexual, o Herbert Marcuse (1898-1979) y sus invitaciones a experimentar todo tipo de situaciones sexuales (entendidas desde un polimorfismo sexual de orientación indiferentemente «heterosexual» - es decir, la orientación sexual natural - u homosexual), desligadas de la familia y de cualquier finalismo natural de diferenciación entre los sexos, así como de cualquier obstáculo derivado de la responsabilidad procreativa. Un cierto feminismo radicalizado y extremista, representado por las aportaciones de Margaret Sanger (1879-1966) y Simone de Beauvoir (1908-1986) no puede ser situado al margen de este proceso histórico de consolidación de una ideología. De este modo, «heterosexualidad» y monogamia ya no parecen ser considerados sino como uno de los casos posibles de práctica sexual.
[8]Esta actitud ha encontrado, lamentablemente, favorable acogida en un buen número de importantes instituciones internacionales, con el consiguiente deterioro del concepto mismo de familia, cuyo fundamento es, y no puede no serlo, el matrimonio. Entre estas instituciones, algunos Organismos de la misma Organización de Naciones Unidas, parecen secundar recientemente algunas de estas teorías, soslayando con ello el genuino significado del artículo 16 de la Declaración Universal de Derechos del Hombre de 1948, que muestra la familia como «elemento natural y fundamental de la sociedad». Cfr. Pontificio Consejo para la Familia, Familia y Derechos humanos, 1999, n. 16.














jueves, 10 de diciembre de 2015

Dios se ha enamorado de nuestras miserias - Papa Francisco

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Jueves, 10 de diciembre de 2015

En la primera lectura —tomada del libro de Isaías (41,13-20)— acabamos de leer una especie de monólogo del Señor donde se comprende QUE DIOS ELIGIÓ A SU PUEBLO NO PORQUE FUESE GRANDE O PODEROSO, SINO PORQUE ERA EL MÁS PEQUEÑO DE TODOS, EL MÁS MISERABLE DE TODOS.

DIOS SE ENAMORÓ DE ESA MISERIA, SE ENAMORÓ PRECISAMENTE DE ESA PEQUEÑEZ. Y en ese monólogo de Dios con su pueblo, SE VE ESE AMOR, UN AMOR TIERNO, UN AMOR COMO EL DEL PADRE O DE LA MADRE, CUANDO HABLA CON EL HIJO QUE SE DESPIERTA DE NOCHE ASUSTADO POR UN SUEÑO. Y LO TRANQUILIZA: Te agarro de la diestra, no temas, yo mismo te auxilio (Is 41,13). Todos conocemos las caricias de los padres y de las madres cuando los niños están inquietos por un susto: NO TEMAS, YO ESTOY AQUÍ; YO ESTOY  ENAMORADO DE TU PEQUEÑEZ; ME HE ENAMORADO DE TU PEQUEÑEZ, DE TU NADA. INCLUSO: NO TEMAS POR TUS PECADOS, ¡TE QUIERO TANTO!; YO ESTOY AQUÍ PARA PERDONARTE. ESA ES LA MISERICORDIA DE DIOS.

Había un santo que hacía muchas penitencias, pero el Señor siempre le pedía más, hasta que un día le dijo que ya no le quedaba nada más que darle, y Dios le respondió: DAME TUS PECADOS.

EL SEÑOR QUIERE CARGAR SOBRE SÍ NUESTRAS DEBILIDADES, NUESTROS PECADOS, NUESTROS CANSANCIOS. Cuántas veces Jesús nos hace sentir eso y luego: VENID A MÍ TODOS LOS QUE ESTÁIS CANSADOS Y AGOBIADOS, Y YO OS ALIVIARÉ (Mt 11, 28), como leímos en el evangelio de ayer. Yo soy el Señor tu Dios que te tengo de la diestra, no temas pequeño, NO TEMAS. YO TE DARÉ FUERZA. DAME TODO Y YO TE PERDONARÉ, TE DARÉ PAZ. 

Esas son las caricias de Dios, esas son las caricias de nuestro Padre, cuando se expresa con su misericordia. Nosotros nos ponemos tan nerviosos cuando una cosa no va bien, somos impacientes… En cambio Él: Estate tranquilo; HAS METIDO LA PATA, SÍ, PERO QUÉDATE TRANQUILO; NO TEMAS, YO TE PERDONO. Eso es lo que significa lo que hemos repetido en el Salmo: El Señor es clemente y misericordioso (Sal 144).

NOSOTROS SOMOS PEQUEÑOS. ÉL NOS HA DADO TODO. SOLO NOS PIDE NUESTRAS MISERIAS, NUESTRAS PEQUEÑECES, NUESTROS PECADOS, PARA ABRAZARNOS, PARA ACARICIARNOS.

PIDAMOS AL SEÑOR QUE DESPIERTE EN CADA UNO DE NOSOTROS, y en todo el pueblo, LA FE EN ESA PATERNIDAD, EN ESA MISERICORDIA, EN SU CORAZÓN. Y que esa fe en su paternidad y en su misericordia nos haga un poco más misericordiosos con los demás.


viernes, 14 de agosto de 2015

"Dios no se cansa de perdonar. Somos nosotros quienes nos cansamos de pedir perdón"


«Dios ha reconciliado consigo el mundo en Cristo y nos confió a nosotros el mensaje de reconciliación» (cf. 2 Corintios 5, 19): Es hermoso este trabajo de Dios: Reconciliar.

Dios nos encomienda también a nosotros esta tarea, es decir, realizar la reconciliación, reconciliar siempre.

El cristiano es hombre y mujer de reconciliación, no de división. El padre de la división es el diablo.

Hemos escuchado en la primera lectura (Hb 8, 6-13), esa promesa tan hermosa: “Yo haré una nueva alianza”. Es una cuestión tan decisiva que cinco veces en este pasaje se habla de la alianza. En efecto, es Dios quien reconcilia, estableciendo una nueva relación con nosotros, una nueva alianza. Y por ello envía a Jesús; el Dios que reconcilia es el Dios que perdona.

Este pasaje termina con esa hermosa promesa: “Ya no recordaré sus pecados”; Es el Dios que perdona, que reconcilia. Sella la nueva alianza y perdona.


Pero, ¿Cómo perdona? Ante todo, Dios perdona siempre. No se cansa de perdonar. Somos nosotros quienes nos cansamos de pedir perdón. Pero Él no se cansa de perdonar.


Cuando Pedro preguntó a Jesús: "¿cuántas veces tengo que perdonar?, ¿siete veces?", la respuesta recibida fue elocuente: "No siete veces sino setenta veces siete" (cf. Mateo 18, 21-22).

Es decir, siempre, porque precisamente así perdona Dios: siempre.


Si tú has vivido una vida con muchos pecados, muchas cosas malas, pero al final, arrepentido, pides perdón, te perdona inmediatamente. 

En cambio nosotros no tenemos esta certeza en el corazón y muchas veces dudamos si Dios perdonará.




En realidad sólo hay que arrepentirse y pedir perdón: ¡nada más! ¡No hay que pagar nada! Cristo pagó por nosotros y Él perdona siempre.

Otra cosa importante es que Dios no sólo perdona siempre, sino también que perdona todo: no existe pecado que Él no perdone.

Tal vez alguien podría decir: 'Yo no voy a confesarme porque he hecho muchas cosas malas, muchas de esas cosas, por lo que no tendré perdón...'. En cambio, esto no es verdad. Si tú vas arrepentido, Dios lo perdona todo.

Y Muchas veces no te deja hablar: tú comienzas a pedir perdón y Él te hace sentir la alegría del perdón antes de que tú hayas acabado de decir todo.



Como sucedió con ese hijo que, tras haber malgastado todo el dinero de la herencia con una vida inmoral, luego se arrepintió y preparó el discurso para presentarse ante su padre. Cuando llegó el padre no lo dejó hablar, lo abrazó: porque él perdona todo. Lo abrazó.


Luego hay otra cosaque hace Dios cuando perdona: hace fiesta.

Y esta no es una imagen, lo dice Jesús: “Habrá fiesta en el cielo cuando un pecador vaya al Padre”. 

Así cuando nosotros sentimos nuestro corazón apesadumbrado por los pecados, podemos decir: 'vayamos al Señor a darle alegría para que me perdone y haga fiesta'. Dios actúa así: hace fiesta siempre porque reconcilia.

Las palabras de la Carta a los Hebreos sugieren algo hermoso sobre el modo de perdonar de Dios: Dios olvida.

Con otras palabras de la Escritura dice también: «Tus pecados los arrojaré al mar y si son rojos como la sangre, llegarán a ser blancos como un corderillo» (cf. Miqueas 7, 19; Isaías 1, 18). 

Dios, por lo tanto, se olvida. Y así, si alguno de nosotros va al Señor y dice: '¿Te acuerdas, yo ese año hice aquella cosa mala?' Él responde: 'No, no, no. No recuerdo'. Porque una vez que Él perdona no recuerda, olvida. Mientras que nosotros muchas veces con los demás llevamos una “cuenta corriente”: este una vez hizo esto, una vez hizo esto otro..."
En cambio, Dios, no: perdona y olvida.

Si Él olvida, ¿quién soy yo para recordar los pecados de los demás?

El Padre, sin embargo, olvida, perdona siempre, perdona todo, hace fiesta cuando perdona y olvida, porque quiere reconciliar, quiere encontrarse con nosotros.

Cuando uno de nosotros va a confesar, siempre tiene que pensar:
¿estoy dispuesto a perdonar todo?
¿Estoy dispuesto a perdonar siempre?
¿Estoy dispuesto a alegrarme y hacer fiesta?
¿Estoy dispuesto a olvidar los pecados de esa persona?

Si tú no estás dispuesto, mejor que ese día no vayas al confesonario: que vaya otro, porque tú no tienes el corazón de Dios para perdonar.

En la confesión, es verdad, existe un juicio, porque el sacerdote juzga diciendo "has hecho mal en esto, has hecho…" Sin embargo, es más que un juicio: es un encuentro, un encuentro con el Dios bueno que siempre perdona todo, que hace fiesta cuando perdona y que olvida tus pecados.

Nosotros sacerdotes debemos tener esta actitud: hacer encontrar. En cambio, muchas veces las confesiones parecen un trámite, una formalidad, donde todo parece mecánico, pero ¿dónde está el encuentro con el Señor que reconcilia, te abraza y hace fiesta? Este es nuestro Dios, tan bueno.

Es importante enseñar a confesarse bien, de modo que aprendan nuestros niños, nuestros jóvenes, y recuerden que ir a confesarse no es ir a la tintorería para que te quiten una mancha: confesarse es ir al encuentro del Padre que reconcilia, que perdona y que hace fiesta.

Pensemos en esta alianza que el Señor hace cada vez que pedimos perdón y en nuestro Padre que siempre reconcilia: el Dios reconcilió consigo al mundo en Cristo, confiando a nosotros la palabra de la reconciliación.  Que el Señor nos dé la gracia de estar contentos hoy por tener un Padre que perdona siempre, que perdona todo, que hace fiesta cuando perdona y que se olvida de nuestra historia de pecado.